A tres días del fin de la tregua, el presidente iraní Masud Pezeshkian ratificó que no detendrán el enriquecimiento de uranio. Trump amenaza con bombardeos y con entrar a la fuerza a buscar el uranio, mientras la paz mundial pende de un hilo. ¡Se termina el tiempo!
El mundo respira aire de guerra. En una declaración que dinamita las pocas esperanzas de paz que quedaban, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, desafió abiertamente a Donald Trump y defendió a capa y espada el programa nuclear de su país. «¿Quién es él para privarnos de nuestros derechos?», lanzó el mandatario iraní, dejando en claro que Teherán no piensa ceder ni un milímetro en el enriquecimiento de uranio. Con la tregua a punto de vencer este miércoles, la retórica se volvió explosiva: mientras Irán habla de «defensa legítima», Trump ya avisó que, si no hay acuerdo, los misiles volverán a volar. ¡El reloj del juicio final está corriendo!
La tensión alcanzó su punto de ebullición este domingo. Irán no solo se niega a desmantelar sus plantas atómicas, sino que trata a Trump de «prepotente» por querer controlar sus avances tecnológicos. Pezeshkian fue tajante: no aceptarán presiones políticas ni medidas que vulneren su soberanía. Para el régimen islámico, el uranio es una línea roja que no están dispuestos a cruzar, aunque eso signifique enfrentar la furia de la mayor potencia militar del planeta.
Del otro lado, la respuesta de la Casa Blanca es igual de violenta. Trump ya advirtió que no permitirá un Irán nuclear y llegó a sugerir una locura: entrar directamente a territorio iraní para extraer el uranio por la fuerza. Es una declaración de guerra encubierta que tiene a los mercados en pánico y a la diplomacia internacional paralizada. Aunque el presidente de EE.UU. dice que el acuerdo «está cerca», sus acciones dicen lo contrario: si el miércoles no hay firma, los bombardeos son una posibilidad real y aterradora.
Incluso dentro de Irán el clima es de guerra fría. El presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, admitió que el acuerdo «continúa lejos» y que los puntos de fricción —el programa nuclear y el control del Estrecho de Ormuz— son hoy muros infranqueables. Las negociaciones en Islamabad fracasaron y no hay una nueva fecha para sentarse a hablar. Lo único que hay es una fecha de vencimiento: el 22 de abril, cuando el alto el fuego se convierta en humo.
Mientras los líderes juegan a ver quién tiene el dedo más cerca del botón rojo, el resto del mundo mira con terror. El pacifismo que pregona Pezeshkian suena a advertencia bélica y las promesas de paz de Trump parecen el preludio de una invasión. Estamos a 72 horas de que el conflicto más peligroso del siglo XXI pase de las palabras a los hechos.
No hay más margen. El miércoles se termina la tregua y, por lo que dicen en Teherán y Washington, nadie piensa bajar la guardia. ¿Estamos ante el inicio de la Tercera Guerra Mundial o es solo un juego de poder extremo? Lo único cierto es que, si fallan los diplomáticos, hablarán los cañones. ¡Preparate para un miércoles negro!
