CONADU paraliza las universidades públicas a partir del 27 de abril y prepara una marcha masiva para mayo. Denuncian sueldos de miseria y que el Gobierno ignora la Ley de Financiamiento.
El sistema universitario nacional está al borde del colapso y los docentes dijeron basta. No habrá clases en toda la última semana de abril en un nuevo capítulo de la guerra abierta contra el Gobierno por el recorte presupuestario. El gremio CONADU confirmó que la medida será total, dejando a miles de estudiantes porteños y del resto del país en el aire mientras se calienta la previa de una nueva marcha federal que promete paralizar el centro porteño en mayo.
La bronca estalla por un dato que es una bofetada: hay docentes cobrando apenas 250.000 pesos. Con una inflación que no da tregua, los gremios exigen un aumento urgente del 55% solo para recuperar lo que perdieron desde noviembre de 2023. «El Gobierno tiene que pagar la deuda y cumplir la ley», lanzaron desde la federación, señalando que el Ejecutivo lleva más de 180 días ignorando la Ley de Financiamiento Universitario ratificada por el Congreso.
Lo que indigna a la comunidad educativa es la desidia oficial. A pesar de que la ley fue vetada, ratificada por dos tercios de los legisladores y hasta tiene fallos judiciales a favor en primera y segunda instancia, el presupuesto sigue congelado. La jugada de los docentes es clara: si no hay plata, no hay aulas, y la pelea se traslada directamente a la calle con una movilización que busca repetir las fotos históricas de las plazas llenas.
¿Quién paga el pato en esta pulseada? Como siempre, los estudiantes que ven sus calendarios académicos destruidos mientras los pasillos de las facultades se llenan de asambleas y carteles. El clima de tensión es total y el «plan de lucha» recién arranca. Con los salarios por el piso y la Justicia dándole la derecha a la universidad, el conflicto parece no tener retorno si no aparece la billetera oficial.
La última semana de abril será de facultades vacías y mayo arranca con el asfalto caliente. La universidad pública está en pie de guerra y el debate sobre quién tiene la culpa ya se instaló en cada café de la Ciudad.
