Una Jeep Renegade que había sido sustraída en las calles porteñas circulaba impunemente como «melliza» a cientos de kilómetros. La falsificación de documentos vuelve a poner en alerta a los propietarios de autos.
La inseguridad en la Ciudad de Buenos Aires no conoce fronteras y el negocio de los autos robados sigue más vivo que nunca. En las últimas horas, un operativo en la provincia de Corrientes dejó al descubierto cómo un vehículo de lujo, robado en pleno territorio porteño, circulaba con total desparpajo utilizando patentes y documentos falsificados. El hallazgo confirma que las bandas organizadas operan con una logística aceitada que traslada los botines de Capital Federal hacia el interior para «enfriarlos».
El vehículo en cuestión, una Jeep Renegade blanca, fue interceptado por la Dirección de Investigación Criminal en la intersección de Avenida Alta Gracia y calle Mercedaria. Lo que parecía un control de rutina se transformó en un escándalo cuando los efectivos notaron que la cédula verde y las chapas eran truchas. Al verificar el chasis, saltó la verdad: el número estaba adulterado y la camioneta tenía pedido de secuestro activo por robo en CABA.
Este caso reaviva la bronca de los vecinos porteños que sufren el robo de sus vehículos y ven cómo, en cuestión de días, sus pertenencias terminan en otras provincias bajo identidades «mellizas». La facilidad con la que se falsifican las medidas de seguridad oficiales en patentes y documentos es un golpe directo a la confianza de la comunidad, que se siente desprotegida ante un mercado negro que no para de crecer.
El conductor, identificado como A.A.F., quedó demorado mientras la justicia investiga si es parte de la banda o un «comprador de buena fe» que cayó en la trampa. Lo cierto es que el rodado fue secuestrado y ahora comienza el lento proceso burocrático para intentar devolverlo a su dueño original en Buenos Aires, quien probablemente ya daba por perdida su inversión.
Mientras los robos de camionetas de alta gama son moneda corriente en barrios como Palermo o Belgrano, estos operativos demuestran que el control debe ser nacional. La impunidad de circular con documentos apócrifos por las rutas del país es un debate que la sociedad exige cerrar con penas más duras para quienes alimentan este circuito ilegal.
¿Hasta cuándo van a seguir saliendo autos robados de la Ciudad como si nada? La indignación crece entre los dueños de vehículos que pagan seguros carísimos mientras las bandas se ríen de los controles fronterizos.
