Tres errores infantiles y una falta de actitud alarmante sentenciaron la eliminación del Xeneize ante Huracán en un partido que rozó el ridículo.
La Bombonera fue testigo de una noche negra que los vecinos de La Boca no van a olvidar fácilmente. Con treinta y seis remates al arco pero tres fallas defensivas dignas de un equipo de barrio, Boca Juniors se autoeliminó del Apertura en un duelo donde la falta de comunicación y la ingenuidad de sus juveniles le regalaron la clasificación a Huracán.
Lo que indigna al hincha que camina por la calle Brandsen no es solo la derrota, sino el cómo. El primer gol del Globo nació de un «blooper» de comunicación entre Brey y Delgado que dejó a todos boquiabiertos. En un fútbol profesional donde se juegan millones y el prestigio de la Ciudad, regalar una salida así es pedir a gritos la eliminación.
La polémica se centra en la figura de Di Lollo, quien pasó de un partido aceptable a cometer dos penales insólitos. Uno de ellos, una mano inexplicable que recordó a las peores pesadillas del fútbol argentino. ¿Qué pasa en el predio que los pibes llegan a instancias decisivas con semejante nivel de irresponsabilidad? La «poca viveza» para protestar o manejar los tiempos del partido es un síntoma que preocupa a todo el mundo xeneize.
Boca hizo figura a Galíndez y desperdició situaciones increíbles, incluyendo un remate final de Ángel Romero que parecía más fácil de meter que de errar. Tres victorias en nueve partidos de local en el año es una cifra que quema. El equipo de Martínez se apagó, se quedó sin ideas y ahora mira el resto del torneo por televisión mientras el barrio mastica bronca.
Ahora el margen de error es cero y la Copa Sudamericana asoma como el último clavo caliente al que agarrarse. ¿Es un problema de los jugadores o el ciclo del entrenador ya no tiene retorno? La Bombonera habló y el clima está que arde: los errores «no forzados» están matando a Boca.
