La brutal caída del consumo y la parálisis manufacturera colocan a las pequeñas y medianas empresas frente a un abismo operativo.
Con más de 6 millones de asalariados privados a la expectativa de cobrar el Sueldo Anual Complementario, el sector productivo recurre al endeudamiento bancario y a las cuevas financieras para cumplir con las obligaciones legales antes de que venza el plazo reglamentario.
El entramado de las pequeñas y medianas empresas atraviesa una de las encrucijadas más críticas de los últimos años debido a la persistente contracción de la actividad económica. En vísperas del vencimiento para liquidar la primera cuota del Sueldo Anual Complementario (SAC), fijado por la ley 27.073 para el 30 de junio y con una extensión legal por prórroga técnica hasta el martes 7 de julio, los empresarios admiten severas dificultades de caja para afrontar los pagos de sus plantillas. Según los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), cerca de 6,2 millones de empleados corresponden estrictamente al ámbito privado, un universo laboral cuyo medio aguinaldo pende hoy de un hilo ante la falta de liquidez en las cuentas comerciales.
Desde la conducción de la Fundación ProTejer, su vicepresidente Marco Meloni encendió las alarmas institucionales al describir las maniobras de emergencia que ensayan las pymes para evitar el incumplimiento generalizado. El financiamiento se debate actualmente entre tres alternativas extremas: la búsqueda de un costoso apalancamiento a través de líneas bancarias específicas para el pago de aguinaldos —un segmento donde las entidades muestran mayor flexibilidad que en los créditos productivos—, el descuento forzado de carteras de cheques de clientes, y el desvío hacia el mercado financiero informal. Respecto de este último punto, Meloni advirtió que las pymes con perfiles crediticios dañados quedan excluidas de los bancos y caen bajo las órbitas de mutuales o financieras no bancarias, donde el costo financiero total y las tasas de interés son siderales.
La asfixia productiva es de tal magnitud que en el sector industrial ya se evalúa la apertura de negociaciones directas con las representaciones del personal para pactar el pago fraccionado en cuotas, un desvío de la legislación vigente que ya dejó antecedentes extremos. De acuerdo con los relevamientos de ProTejer, la crisis del año pasado derivó en situaciones donde diversos grupos de trabajadores finalizaron el cobro del aguinaldo de diciembre de 2025 recién junto con los salarios correspondientes al mes de mayo de este año. La recesión golpea con saña al bloque textil y del calzado, donde la utilización de la capacidad instalada cayó al 40,2% según el Indec, dejando a 7 de cada 10 máquinas completamente apagadas durante el primer trimestre.
El derrumbe sectorial se traduce en una masiva destrucción de los puestos de trabajo formales y en el cierre definitivo de unidades de producción. Entre diciembre de 2023 y febrero de 2026, el rubro compuesto por textiles, confección y cuero lideró la pérdida de empleo registrado con una contracción del 18%, lo que significó la eliminación directa de 22.156 puestos laborales. Las estadísticas consolidadas por Industriales Pymes Argentinos (IPA) amplían el diagnóstico y desnudan la gravedad de la crisis estructural: el mercado laboral encadena 26 meses consecutivos en terreno negativo, acumulando la pérdida de 364.554 empleos asalariados privados y la desaparición de 24.978 empresas aportantes en poco más de dos años, dejando al descubierto el costo del freno de la actividad económica general.
