La madrugada de este viernes en la Ciudad de Buenos Aires volvió a exponer las consecuencias de la desaprensión al volante y la falta de control efectivo en las calles.
Dos graves siniestros viales, registrados con pocos minutos de diferencia en los barrios de Palermo y Costanera, dejaron como saldo múltiples heridos y dos conductores detenidos con niveles de intoxicación alcohólica que quintuplican y triplican los límites máximos permitidos para circular.
El primero de los hechos tuvo lugar sobre la avenida Costanera Rafael Obligado, en la zona periférica al Aeroparque Jorge Newbery. En dicho sector, una camioneta embistió de forma violenta contra un automóvil de alta gama que circulaba por la traza fluvial. Ante la emergencia, unidades del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) se desplazaron al lugar para asistir a los damnificados. Al realizarse el correspondiente test de alcoholemia al conductor que provocó la colisión, el dispositivo arrojó un resultado de 2,52 gramos de alcohol por litro de sangre.
Raid delictivo y fuga en el corazón de Palermo
Minutos más tarde, en el barrio de Palermo (Comuna 14), se desencadenó una secuencia aún más alarmante. Alrededor de las 4:00 de la mañana, el conductor de una camioneta Volkswagen Amarok colisionó inicialmente contra un vehículo particular en la intersección de las calles Costa Rica y Humboldt. Lejos de detener su marcha para asistir a los afectados, el automovilista se dio a la fuga a alta velocidad, dejando en el sitio a tres personas con diversas lesiones que requirieron atención médica urgente por parte de las ambulancias del SAME.
El recorrido negligente del vehículo continuó por el entramado urbano durante varias cuadras hasta las inmediaciones de Plaza Italia. La fuga culminó de manera violenta en la esquina de la avenida Santa Fe y Thames, donde la camioneta protagonizó un segundo choque antes de ser interceptada definitivamente por los móviles policiales que cercaron la zona.
Detención e impunidad al volante
Al momento de proceder a la aprehensión, los efectivos de seguridad constataron el avanzado estado de ebriedad del implicado, quien incluso llegó a dormirse en el interior del patrullero tras ser demorado. Las pruebas de laboratorio posteriores confirmaron que el imputado circulaba con 1,45 gramos de alcohol por litro de sangre. Ambos episodios reabren de forma obligatoria el debate técnico sobre las sanciones penales vigentes y la eficacia de los operativos de saturación nocturna en las principales avenidas de la Capital Federal.
