Con una de las economías de mayor crecimiento del mundo y una demanda creciente de alimentos, energía y minerales, India se posiciona como un mercado clave para las exportaciones argentinas.
Sin embargo, especialistas señalan que cualquier acuerdo deberá contemplar mecanismos de protección para sectores sensibles de la economía local.
Las recientes declaraciones del economista Ricardo Arriazu sobre la posibilidad de avanzar hacia un tratado de libre comercio con India volvieron a poner sobre la mesa el debate acerca de cómo profundizar la relación comercial con uno de los mercados más importantes del mundo sin afectar sectores estratégicos de la producción nacional.
Con más de 1.400 millones de habitantes y una economía que mantiene elevadas tasas de crecimiento, India se consolidó como una de las principales potencias emergentes. Durante 2025 importó bienes por más de US$ 752.000 millones, ubicándose entre los mayores compradores globales.
La demanda india de alimentos, aceites vegetales, energía, minerales y productos químicos aparece como una oportunidad para la Argentina. Sin embargo, los especialistas advierten que el vínculo comercial actual presenta limitaciones importantes.
Actualmente, las exportaciones argentinas hacia India rondan los US$ 5.500 millones anuales, una cifra que representa apenas el 0,73% de las importaciones totales del país asiático. Además, la mayor parte de esos envíos se concentra en pocos productos.
Las grasas y aceites vegetales explican alrededor de US$ 4.500 millones de las ventas argentinas, mientras que los metales y piedras preciosas aportan otros US$ 655 millones. Esta concentración refleja que, pese al acceso existente al mercado indio, la oferta exportable argentina todavía muestra escasa diversificación.
La estructura importadora de India evidencia oportunidades en numerosos sectores donde la presencia argentina sigue siendo reducida. Entre ellos se destacan combustibles, productos químicos, maquinaria, fertilizantes y otros bienes industriales.
No obstante, los obstáculos para ampliar las exportaciones no se limitan a los aranceles. También influyen factores como las barreras regulatorias, los requisitos sanitarios, las licencias de importación, los problemas logísticos y las limitaciones de infraestructura.
India mantiene elevados niveles de protección comercial en distintos rubros. Los aranceles promedio alcanzan el 45% en cereales, el 38% en carnes y el 32% en frutas, además de aplicar diversos controles y certificaciones para el ingreso de productos.
Por ese motivo, los analistas consideran que un eventual tratado de libre comercio debería incluir mecanismos de cooperación regulatoria y reconocimiento de certificaciones para facilitar efectivamente el acceso al mercado.
Los desafíos para la industria local
Los especialistas también advierten que un acuerdo comercial podría generar impactos sobre determinados sectores productivos argentinos.
India cuenta con una amplia capacidad manufacturera y costos competitivos que podrían incrementar la competencia en actividades como textiles, indumentaria, calzado, productos químicos, autopartes y algunos segmentos metalmecánicos.
Ante ese escenario, plantean la necesidad de contemplar listas de exclusión, plazos prolongados de desgravación o esquemas especiales para los sectores más sensibles.
Asimismo, destacan la importancia de incorporar reglas de origen estrictas y cláusulas de salvaguarda que permitan responder ante eventuales aumentos de importaciones que puedan afectar la producción y el empleo.
Infraestructura y valor agregado
Otro de los puntos centrales del debate pasa por la necesidad de fortalecer la infraestructura local para ampliar la capacidad exportadora.
Según el análisis, sectores como el gas natural licuado y el litio enfrentan limitaciones vinculadas a obras de infraestructura y desarrollo industrial, más que a cuestiones arancelarias.
En ese sentido, sostienen que un eventual acuerdo comercial podría complementarse con mecanismos destinados a promover inversiones para proyectos energéticos y mineros, con impacto en la generación de empleo y el desarrollo productivo.
Los especialistas coinciden en que el desafío no pasa únicamente por incrementar las ventas de materias primas, sino por utilizar el acceso a un mercado de gran escala para diversificar exportaciones, desarrollar nuevas capacidades productivas y agregar valor a la producción argentina.
