Un estudio del Consejo Económico y Social de la Ciudad analizó 40 ocupaciones y determinó que dos de cada tres empleos porteños tienen algún nivel de exposición a la inteligencia artificial generativa. El dato no significa que esos puestos vayan a desaparecer, sino que sus tareas podrían transformarse.
La inteligencia artificial generativa ya comenzó a modificar la manera en que se desarrollan numerosas tareas laborales y la Ciudad de Buenos Aires aparece particularmente expuesta a este proceso. Según un índice elaborado por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CEBA), el 66,9% del empleo porteño presenta algún grado de exposición a estas herramientas.
El estudio fue realizado con una metodología desarrollada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y constituye la primera aplicación de este tipo de medición sobre una ciudad.
Para elaborar el índice, el CEBA trabajó junto con la OIT y la CGT con el objetivo de adaptar el análisis a la estructura laboral de Buenos Aires. La investigación buscó identificar qué tareas incluidas dentro de distintas ocupaciones pueden ser automatizadas, complementadas o transformadas mediante el uso de inteligencia artificial generativa.
Durante una entrevista, Manuel Socías explicó que uno de los objetivos del trabajo fue evitar dos interpretaciones extremas sobre el avance tecnológico: aquellas que presentan a la IA como una solución para todos los problemas y las que anticipan una destrucción masiva de puestos de trabajo.
“Tratamos de salir un poco de las dos narrativas antinómicas”, señaló.
Buenos Aires, entre los mercados laborales más expuestos
El índice elaborado por el CEBA utiliza una escala que va de cero a uno. El valor más bajo representa ausencia de exposición, mientras que el más alto corresponde al máximo nivel posible.
Pero existe una diferencia fundamental: el indicador no calcula cuántos empleos desaparecerán, sino en qué medida las tareas que forman parte de una determinada ocupación pueden verse afectadas por la incorporación de IA.
En la comparación internacional incluida en el estudio, Buenos Aires aparece por debajo de Singapur y por encima de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Australia.
Socías aclaró, de todos modos, que esa comparación tiene una limitación metodológica, debido a que habitualmente la OIT realiza sus mediciones sobre países, mientras que en este caso el análisis se concentró específicamente en una ciudad.
La estructura económica porteña también ayuda a explicar el elevado nivel de exposición. Casi el 88% de los empleos de la Ciudad pertenece al sector servicios, donde tienen una participación importante las actividades administrativas, profesionales y aquellas relacionadas con el procesamiento de información.
Oficinistas, abogados y periodistas, entre los trabajos más expuestos
El relevamiento contempló 40 ocupaciones y analizó cada una a partir de las diferentes tareas que realizan sus trabajadores.
De esta manera, la investigación no considera únicamente una profesión en términos generales, sino que busca determinar qué componentes de esa actividad pueden verse modificados por la utilización de inteligencia artificial.
Entre las ocupaciones con mayor exposición aparecen los oficinistas, los trabajadores de atención directa al público, el personal de apoyo administrativo, contadores, abogados, profesionales de tecnología de la información, periodistas y diseñadores.
Los oficinistas, por ejemplo, representan aproximadamente 112.000 trabajadores en la Ciudad de Buenos Aires.
Según explicó Socías, uno de los elementos comunes entre varias de estas actividades es la importancia de las tareas cognitivas.
“Todas las ocupaciones que tienen un conjunto de tareas de base cognitiva tienen un nivel de exposición alto a la inteligencia artificial”, sostuvo.
En el extremo contrario aparecen aquellas actividades que requieren principalmente presencia física, destreza manual o interacción interpersonal.
Dentro de este grupo se encuentran trabajadores de cuidado, personal de salud, empleados domésticos, trabajadores de la construcción, plomeros y electricistas.
Estar expuesto a la IA no significa perder el empleo
Uno de los principales puntos del estudio es diferenciar exposición a la inteligencia artificial de desaparición de puestos de trabajo.
El hecho de que el 66,9% del empleo porteño tenga algún nivel de exposición no significa que dos de cada tres trabajadores estén destinados a perder sus empleos.
Una ocupación puede continuar existiendo aunque determinadas tareas sean automatizadas y otras pasen a realizarse con asistencia de herramientas de inteligencia artificial.
Socías utilizó como ejemplo el trabajo docente. Un maestro puede recurrir a la IA para preparar una clase, organizar materiales o elaborar consignas, pero existen otras dimensiones de su actividad que dependen directamente de la relación con los alumnos.
“No hay forma de sustituir el trato interpersonal de un docente con los niños”, sostuvo.
Por eso, el impacto de la IA podría producirse dentro de los propios puestos de trabajo. Algunas tareas podrían dejar de realizarse de la misma manera, otras podrían modificarse y algunas incluso podrían adquirir mayor relevancia.
El debate, en consecuencia, no se limita a determinar qué profesiones van a sobrevivir, sino también a analizar cómo cambiará el trabajo cotidiano de las personas que ejercen esas profesiones.
Productividad, salarios y capacitación: el debate que se abre
Para el CEBA, uno de los próximos pasos consiste en determinar qué sectores de la economía porteña ya están incorporando inteligencia artificial y de qué manera esa adopción modifica las tareas y la organización del trabajo.
A partir de ese análisis aparece otra cuestión central: quién se apropiará de las ganancias de productividad que pueda generar la tecnología.
Socías advirtió que una mejora de la productividad no necesariamente se traducirá en mayores ingresos para los trabajadores.
“Si no interviene la política, probablemente el resultado sea mayor concentración de la riqueza, porque se lo va a apropiar el capital”, planteó.
Frente a este escenario, el CEBA propone discutir programas de formación profesional y nuevas reglas que permitan acompañar la transformación tecnológica, con participación de sindicatos, empresas y trabajadores.
Entre los temas que forman parte de esa agenda aparecen la capacitación, los salarios y la distribución de las ganancias derivadas de una mayor productividad.
El objetivo, según la mirada de Socías, es que la incorporación de inteligencia artificial permita reducir tareas repetitivas o desgastantes sin que eso implique necesariamente una pérdida de puestos laborales o una reducción de los ingresos.
“El cambio va a venir, es inevitable”, sostuvo.
La discusión, agregó, estará centrada en cómo administrar esa transición.
Un índice que podría quedar rápidamente desactualizado
La velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial representa otro desafío para este tipo de mediciones.
Los modelos de IA modifican sus capacidades en períodos relativamente cortos y pueden ampliar las tareas que son capaces de realizar.
Por ese motivo, Socías reconoció que el propio índice elaborado por el CEBA enfrenta una limitación temporal.
“Este es un índice que ya nace obsoleto”, afirmó.
La medición funciona así como una fotografía del mercado laboral porteño frente a una transformación que todavía está en desarrollo.
El 66,9% de exposición no representa una proyección de despidos, sino una señal sobre la magnitud del cambio que podría atravesar las tareas y las profesiones de la Ciudad de Buenos Aires durante los próximos años.
