Mientras el ministro de Economía promete meses de gloria, la senadora bajó a la realidad y aseguró que la etapa más dura para el bolsillo recién comienza.
El idilio económico del Gobierno nacional sufrió un cortocircuito inesperado en pleno almuerzo empresarial. Patricia Bullrich rompió la armonía oficialista al sentenciar que Argentina entra ahora en su fase más crítica, contradiciendo el optimismo desmedido de Luis Caputo, quien días atrás había jurado que estamos por vivir las mejores décadas de la historia reciente.
La interna de proyecciones estalló cuando la senadora advirtió ante referentes del sector energético que la estabilización no sirve de nada si no se traduce en laburo e inversión real. Para Bullrich, el orden fiscal es apenas el inicio de un camino que se percibe mucho más sinuoso y oscuro de lo que el Palacio de Hacienda se anima a confesarle a la gente.
Caputo, por su parte, sigue aferrado a su «certificado de defunción» para la inflación y a una promesa de dieciocho meses de bonanza absoluta. Esta desconexión entre el diagnóstico de la «piba» y los augurios del ministro genera ruido en una sociedad que no sabe si prepararse para el despegue o para un nuevo choque contra la realidad.
La pregunta que circula por los pasillos del poder porteño es quién está leyendo realmente el termómetro de la calle. Mientras en Economía hablan de un «proceso virtuoso», en los sectores productivos la cautela de Bullrich resuena con mucha más fuerza que las promesas de bienestar a largo plazo.
El choque de visiones deja al ciudadano en medio de una incertidumbre total. ¿Es Caputo un optimista serial o Bullrich está abriendo el paraguas ante una crisis que no cede? El debate está servido y la confianza de los argentinos vuelve a estar bajo la lupa.
