La salida de una funcionaria clave de Santiago Caputo le da el manejo de la caja electoral al riojano mientras se definen licitaciones millonarias.
La Casa Rosada es un hervidero tras el desplazamiento de María Luz Landívar de la Dirección Nacional Electoral para entronizar a Juan Pablo Limodio, un hombre de confianza de Lule Menem. El cambio no es un simple movimiento de piezas, sino un golpe directo al corazón del poder de Santiago Caputo, quien pierde a su principal aliada en el manejo de la botonera que organiza los comicios.
El botín en disputa es colosal porque la dirección maneja licitaciones millonarias para el escrutinio, la impresión de boletas y el servicio informático de los próximos domingos electorales. Mientras Landívar encontró refugio como asesora de Diego Santilli, el desembarco del exlarretista Limodio confirma que el clan Menem ha ganado una batalla decisiva por el control del aparato político del Gobierno.
La tensión escala porque Limodio deberá ahora forzar una reforma electoral que el Congreso mira con desconfianza, incluyendo la eliminación de las PASO y cambios en los aportes de campaña. La jugada deja al descubierto que, detrás de los discursos de unidad, las tribus oficiales se están sacando los ojos por ver quién tendrá la última palabra cuando llegue el momento de contar los votos.
¿Es un avance hacia la transparencia o simplemente un cambio de manos para manejar la caja de la política? Los sectores dialoguistas ya pusieron el grito en el cielo ante una designación que huele a pacto de cúpulas. En los pasillos del poder porteño, nadie cree en las casualidades y todos se preguntan cuál será el próximo movimiento del asesor presidencial herido.
