Tras 15 años de promesas incumplidas y alquileres de oro, la Ciudad vuelve a meter mano en el subsuelo para terminar la sede del Instituto de Arte.
Se terminaron las excusas y parece que finalmente los millones de los porteños van a parar a un pozo que lleva tres lustros juntando polvo. Jorge Macri apareció en las fotos junto a Julio Bocca para anunciar que la obra bajo la Plaza del Vaticano, pegadita al Teatro Colón, vuelve a marchar. Dicen que para 2027 los alumnos dejarán de deambular por sedes alquiladas en Avenida Corrientes, pero el vecino se pregunta: ¿cuánto nos costó esta demora de 15 años?
La movida contempla excavar tres subsuelos para meter salas de ensayo, danza y canto en una superficie de 3.000 metros cuadrados. Es el «Master Plan» que nunca terminaba de arrancar y que ahora promete ser «sustentable», mientras el tránsito del centro sigue siendo un caos por las intervenciones constantes. La gran duda ciudadana es si esta vez se cumplirán los plazos o si enero volverá a pasar sin que se ponga un solo ladrillo más.
Desde el Ministerio de Cultura sacan pecho diciendo que el Instituto Superior de Arte finalmente tendrá su casa propia para sus casi 400 alumnos. Sin embargo, en la calle el debate es otro: ¿por qué se tardó tanto en ejecutar una licitación que ya estaba aprobada desde 2022? La plata de los alquileres que se pagó durante décadas por no terminar este edificio bajo tierra es un agujero negro que nadie explica.
Mientras los artistas celebran las futuras salas con luz natural del «patio inglés», los críticos de la gestión cuestionan las prioridades de infraestructura en una ciudad donde los baches y la iluminación de los barrios periféricos no tienen el mismo presupuesto. La obra sobre la calle Viamonte será el epicentro de las miradas en los próximos meses, con la presión de una inauguración que no admite más postergaciones.
