Cerraron de urgencia el Monasterio de Santa Catalina de Siena por grietas profundas tras el uso de maquinaria pesada y la Legislatura exige explicaciones inmediatas.
La obsesión del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por romper y volver a tapar veredas se cobró un monumento histórico nacional en pleno centro porteño. El histórico templo y monasterio de Santa Catalina de Siena, una joya arquitectónica del siglo XVIII ubicada en la Comuna 1, debió cerrar sus puertas de manera preventiva ante el peligro inminente de derrumbe. Los trabajos de prioridad peatón sobre la calle Viamonte abrieron rajaduras profundas en las paredes centenarias y la indignación en las calles ya es total.
El uso de excavadoras y maquinaria pesada en una de las zonas con mayor sensibilidad patrimonial del casco histórico desató un desastre que se veía venir. Legisladores de la oposición presentaron un pedido de informes urgente para que el Poder Ejecutivo porteño muestre los supuestos estudios de impacto ambiental y las mediciones de vibración que claramente fallaron o nunca se hicieron.
La polémica se duplica porque el destrozo ocurre justo en la misma manzana donde el gobierno porteño acaba de autorizar la construcción de un mega templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Mientras los edificios históricos que forman la identidad de la Capital Federal se caen a pedazos por la negligencia de las obras públicas, se habilitan nuevos desarrollos inmobiliarios y religiosos sin evaluar el impacto acumulativo sobre el suelo.
Los reclamos por el descontrol del espacio público en el microcentro no son nuevos. A la destrucción del patrimonio se le suma la falta de dársenas de carga, la acumulación de basura en la vía pública y un desorden total en una zona colapsada de peatones. El proyecto del legislador Juan Facundo Del Gaiso advierte que el valor arqueológico del predio corre serio riesgo de perderse para siempre por la desidia oficial.
La gestión del espacio público porteño vuelve a quedar en el ojo de la tormenta por priorizar el negocio de la obra pública por encima de la seguridad y el cuidado de los monumentos históricos. El templo está clausurado, las paredes se siguen abriendo y el gobierno de la Ciudad tiene 30 días para responder por qué destruyeron la manzana más antigua de Buenos Aires.
¿Cuánto más patrimonio histórico va a romper el gobierno de la Ciudad con sus obras interminables antes de que alguien se haga cargo?
