El juez Matías Drivet ordenó la excarcelación del adolescente de 16 años imputado por el asesinato de un chico de 13 pese a los escalofriantes mensajes sobre masacres escolares.
La impunidad parece haber ganado un nuevo round en los tribunales de Rafaela. El juez de la Cámara de Apelaciones decidió que Nicolás C., el joven de 16 años señalado como partícipe secundario del homicidio de Ian Cabrera, espere el juicio en su casa. Mientras una familia llora a un nene de 13 años acribillado en la escuela Mariano Moreno, el sistema judicial considera que el acusado no representa un peligro.
El trasfondo del caso es perturbador y genera un rechazo total en la sociedad. La fiscalía sostiene que el liberado no solo sabía lo que iba a pasar, sino que alentaba al tirador. En el expediente figuran mensajes explícitos sobre masacres escolares y referencias a la tragedia de Columbine. ¿Cómo es posible que alguien con semejantes antecedentes recupere la libertad a semanas del ataque?
La defensa del imputado celebra la medida como un triunfo técnico, argumentando que no hay pruebas suficientes del plan previo. Sin embargo, los datos aportados por los fiscales Carina Gerbaudo y Mauricio Espinosa pintan una realidad distinta: una advertencia previa de que no fuera al colegio porque el ataque era inminente. El contraste entre la frialdad de las pruebas y la benevolencia del juez es absoluto.
Las restricciones impuestas parecen un chiste frente a la gravedad del hecho. El joven solo tiene prohibido usar redes sociales, entrar a San Cristóbal y debe fijar domicilio en Santa Fe. Mientras tanto, se ordenaron «medidas socioeducativas» para su reinserción escolar. El mensaje de la justicia es letal: participar en un tiroteo escolar donde muere un niño tiene menos consecuencias que una infracción menor.
La causa sigue abierta, pero la señal enviada por el juez Drivet es clara y favorece la desprotección de las víctimas. La sociedad se pregunta hasta cuándo los tecnicismos legales van a seguir pasando por encima del sentido común y del derecho a la vida de los estudiantes.
