Entre laureles para un diseñador de élite y mística para la poesía feminista, los diputados porteños se vistieron de gala en el Salón Dorado para premiar el «éxito» internacional y local.
En una Ciudad donde llegar a fin de mes es una odisea, la Legislatura porteña decidió que era un buen momento para detener la agenda política y distinguir al diseñador Adrián Appiolaza y al proyecto musical «La Canción de las poetas». Con el Salón Dorado como escenario, el contraste entre el lujo de la distinción y la realidad de los centros culturales de barrio no pasó desapercibido.
Appiolaza, el pibe de Buenos Aires que hoy dicta cátedra en la firma internacional Moschino, recibió el título de Personalidad Destacada. Se formó en Londres y triunfa en Europa, pero los legisladores se apuraron a colgarse la medalla de su éxito global para decir que la «identidad argentina» está más viva que nunca en las pasarelas del primer mundo.
Por otro lado, el proyecto de Verónica Bellini, que musicaliza textos de escritoras latinoamericanas, fue declarado de Interés Cultural. Una movida que busca reivindicar la voz de las mujeres en la literatura, pero que abre el interrogante sobre si estos reconocimientos alcanzan para sostener una industria artística golpeada por el ajuste.
Mientras los diputados se sacaban la foto con el director creativo de las estrellas y las cantantes de la escena local, en los pasillos de la política porteña muchos se preguntan si estas distinciones son un aporte real o simplemente una puesta en escena para maquillar la falta de políticas de fondo para los artistas que no llegan a las marquesinas.
¿Son estos premios un mimo necesario a nuestra identidad o puro humo para la tribuna legislativa? La cultura de la Ciudad sigue brillando por sus nombres propios, pero el debate sobre quiénes reciben realmente el apoyo del Estado está más caliente que nunca.
