Un violento con antecedentes fue detenido a metros de la casa de su ex a pesar de tener prohibido el ingreso al barrio y llevar puesto el rastreador electrónico.
La inseguridad en la Comuna 12 sumó un capítulo de terror que pudo ser fatal. Un hombre que ya tenía denuncias por amenazas y lesiones fue capturado en Saavedra mientras merodeaba la casa de su expareja. Lo increíble es que el sujeto llevaba puesta la tobillera de geolocalización, pero decidió ignorar la ley y el monitoreo para romper la restricción de 1000 metros, provocando una cacería policial que terminó con su detención inmediata.
La Central de Alarmas saltó cuando el sistema detectó que el agresor no respondía a los llamados de control y se movía peligrosamente cerca de la víctima. Para la Justicia porteña, el dispositivo electrónico no fue suficiente para frenar a este hombre, que ya tiene un frondoso prontuario por desobediencia. La jueza Susana Parada no tuvo otra opción que dictar la prisión preventiva ante el riesgo evidente de que el próximo encuentro termine en el cementerio.¿Para qué sirven las tobilleras si el agresor camina igual por nuestras calles? Esta es la pregunta que arde en los grupos de vecinos de Saavedra y Núñez. Mientras el Ministerio Público Fiscal celebra la rapidez de la detención, la realidad es que el sistema falló en su función preventiva: el violento llegó hasta la puerta antes de que los patrulleros lo cercaran.
La impunidad con la que se mueven estos sujetos genera una indignación total en una sociedad que está cansada de contar víctimas. Ahora el imputado dormirá en una celda, pero el miedo en el barrio sigue latente. El debate está servido: ¿es hora de penas mucho más duras para quienes se burlan de la justicia con el aparato puesto?
La situación del detenido ahora depende de una investigación que busca determinar si hubo más acercamientos no detectados. Mientras tanto, la víctima intenta recuperar la paz en una ciudad que parece no poder garantizarla del todo.
