Las puertas del Polideportivo Municipal José María Gatica, en la localidad de Villa Domínico, se cerraron de manera definitiva pasadas las 4 de la madrugada de este lunes.
De este modo culminó el velatorio público de Carlos «Indio» Solari, un evento que trasciende lo estrictamente musical para consolidarse como el cierre simbólico de uno de los fenómenos de movilización social y cultural más determinantes de la historia democrática argentina.
Durante más de 18 horas de vigilia continua, una marea humana incalculable marchó en profunda calma pero con una mística inquebrantable para dar el último adiós al exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Fuentes del Ministerio de Seguridad bonaerense y de la intendencia local reportaron que, en las horas de mayor afluencia, la columna de seguidores llegó a registrar una extensión sin precedentes de hasta 8 kilómetros, con un flujo estimado de ingreso de 15.000 personas por hora. La geografía de Avellaneda, fronteriza con la Capital Federal, quedó completamente copada por banderas, cantos y consignas que transformaron el duelo en una masiva manifestación de identidad colectiva.
Frente al féretro de madera custodiado en la capilla ardiente, imperó una atmósfera de absoluto respeto, llanto contained y profunda devoción. Detrás de la escena, una pantalla LED proyectaba una leyenda contundente: “INDIO, 1949-infinito”, sintetizando el sentimiento de una feligresía que colmó el perímetro de ofrendas, remeras y flores.
El legado operativo y el mensaje familiar
A través de los canales oficiales del artista, la familia Solari formalizó el cierre de la ceremonia con un comunicado en el que expresaron su profunda gratitud hacia la multitud que se desplazó desde diversos puntos del país, haciendo extensivo el saludo a aquellos que «lloraron donde los sorprendió la pena».
Asimismo, los allegados revelaron un detalle de alto valor simbólico que opera como el testamento artístico del músico: el Indio dejó sus equipos de grabación encendidos y con las pistas de audio en las que trabajaba activamente antes de su fallecimiento. «Nos sugirió así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso», señalaron, interpelando de forma directa a sus seguidores a mantener viva la llama de su obra.
Pese a la colosal magnitud de la convocatoria, las autoridades provinciales destacaron la madurez política y social de la masa asistente, permitiendo que el operativo de contingencia sanitaria y de seguridad civil concluyera sin incidentes graves. El fallecimiento del Indio Solari altera definitivamente el panorama de la cultura popular, dejando tras de sí un vacío institucional que solo podrá ser medido por la persistencia histórica de su mitología.
