La Justicia porteña habilitó el avance de la obra junto al histórico convento de Santa Catalina de Siena. El proyecto enfrenta la resistencia del Arzobispado de Buenos Aires y organizaciones patrimonialistas, mientras el Gobierno de la Ciudad mantiene una postura cautelosa.
La construcción de un megatemplo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en pleno microcentro porteño volvió a generar tensión entre sectores religiosos, organizaciones patrimonialistas y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
La Justicia porteña habilitó el avance del proyecto junto al histórico convento de Santa Catalina de Siena, una decisión que reabrió la discusión sobre el impacto de la obra en una zona con alto valor histórico y dejó al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, en el medio de una disputa que combina cuestiones urbanísticas, patrimoniales y religiosas.
La relación entre la administración porteña y la conducción del Arzobispado de Buenos Aires, encabezada por Jorge García Cuerva, ya atravesaba un momento de tensión por diferencias vinculadas al apoyo estatal a comedores gestionados por parroquias y la situación de los procesos de urbanización en barrios populares.
Un fallo judicial que habilitó la construcción
La Sala IV de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad resolvió por unanimidad levantar la medida cautelar que impedía el avance de la obra.
Desde la Iglesia mormona interpretaron la resolución como un reconocimiento después de años de trabas judiciales y administrativas.
El proyecto contempla una superficie superior a los 14 mil metros cuadrados, que incluye el templo, un edificio administrativo y un estacionamiento subterráneo. Aunque la resolución judicial permite continuar con el proceso, todavía restan completar permisos técnicos.
La organización Basta de Demoler, que desde hace años reclama por la preservación del patrimonio arquitectónico porteño, anunció que apelará la decisión ante el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad y eventualmente ante la Corte Suprema.
El planteo de la entidad no está centrado en cuestiones religiosas, sino en el impacto urbano de la obra. Según sostienen, un proyecto de esa magnitud debería haber sido tratado por la Legislatura porteña y no aprobado únicamente mediante una decisión administrativa.
Jorge Macri busca evitar tomar partido
Desde el Gobierno porteño evitaron fijar una posición definitiva sobre el conflicto. Fuentes oficiales señalaron que la iniciativa todavía no cuenta con autorización final y que deberá ser analizada luego del fallo judicial.
Esa postura le permite a la gestión de Jorge Macri mantener distancia del enfrentamiento entre la Iglesia católica y la comunidad mormona, mientras continúa bajo discusión el impacto de obras realizadas en el área, incluida la peatonalización de la calle Viamonte.
Desde sectores vinculados al convento señalaron que las intervenciones urbanas generaron nuevas grietas en la estructura colonial, mientras que la Ciudad sostiene que los daños ya existían antes de esas obras.
El convento histórico, en el centro del reclamo
Uno de los principales puntos de conflicto es la cercanía entre el futuro templo y el convento de Santa Catalina de Siena, construido en adobe desde 1745 y declarado Monumento Histórico Nacional.
La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos había considerado que una construcción de esas características en el entorno inmediato no resulta viable debido a posibles riesgos estructurales, alteraciones del entorno y la eventual afectación de restos arqueológicos vinculados a antiguos cementerios coloniales.
El sacerdote Gustavo Antico, rector de la parroquia, llegó a disponer el cierre del templo por un supuesto riesgo estructural luego de detectar rajaduras que atribuyó a las obras de peatonalización.
Por su parte, la administración porteña aseguró que esas afectaciones eran anteriores a la intervención urbana.
García Cuerva acompañó personalmente el reclamo con una misa en el atrio del convento y aclaró que la postura de la Iglesia no responde a una disputa entre credos, sino a la necesidad de proteger una construcción histórica frente a obras de gran escala.
Villarruel también se sumó a la polémica
La vicepresidenta Victoria Villarruel expresó su opinión sobre el proyecto a través de redes sociales y cuestionó el impacto visual que tendría la obra sobre el casco histórico porteño.
Además, realizó comentarios sobre la relación del culto mormón con la identidad argentina, aunque reconoció que no tiene competencia para intervenir en una decisión que corresponde al ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.
Cómo es el proyecto del templo mormón
La iniciativa de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días contempla la construcción de dos edificios principales: el templo y una torre administrativa, además de un estacionamiento subterráneo y un espacio verde de acceso público.
Según los responsables del proyecto, el diseño busca reducir el impacto sobre el convento vecino y generar un espacio abierto para los habitantes de la zona.
La organización religiosa, fundada en 1830 en Estados Unidos por Joseph Smith, diferencia sus templos de las capillas comunitarias habituales. En esos espacios se realizan ceremonias consideradas sagradas, como matrimonios religiosos y bautismos por inmersión.
En Argentina, la comunidad mormona asegura contar con alrededor de medio millón de fieles y posee templos en distintas provincias, entre ellas Buenos Aires, Salta, Córdoba, Mendoza y Bahía Blanca.
Mientras continúa el proceso judicial, la manzana delimitada por Córdoba, Viamonte, San Martín y Reconquista quedó convertida en el escenario de una disputa que excede lo religioso y pone nuevamente bajo debate el equilibrio entre desarrollo urbano y preservación histórica en la Ciudad.
