Una adolescente de 17 años anuncia que quiere convertirse en monja de clausura y altera la dinámica de su entorno familiar. Con Juan Minujín entre sus protagonistas, el film de Alauda Ruiz de Azúa aborda la fe, el fanatismo y las formas en que la soledad y la incomprensión pueden influir en nuestras creencias.
“Y yo no creo en la existencia de los ángeles / Pero mirándote me pregunto si eso es cierto”. Es uno de los versos de Into My Arms, la canción de Nick Cave que los chicos de un coro escolar interpretan en inglés en Los domingos. Una melodía que adquiere otro significado después de ver la película y que, de alguna manera, también resume parte de la historia que propone el film.
La película dirigida por Alauda Ruiz de Azúa llega a las salas argentinas después de una destacada temporada de premios. La producción arrasó en los Premios Goya, donde obtuvo los cinco galardones principales, fue elegida Mejor Película en el Festival de San Sebastián y recibió múltiples nominaciones y reconocimientos para su protagonista, Blanca Soroa, una de las grandes revelaciones del film.
Soroa interpreta a Ainara, una adolescente de 17 años y la mayor de tres hermanas, que vive junto a su padre viudo y atraviesa una situación económica complicada. Al terminar la escuela secundaria, la joven altera la rutina de una familia de clase media del País Vasco al comunicar una decisión inesperada: en lugar de comenzar una carrera universitaria, está considerando ingresar a un convento para convertirse en monja de clausura.
Ainara asegura haber sentido el llamado de Jesús. Su decisión provoca una fuerte reacción en su tía Maite, una mujer atea que se hizo cargo de sus sobrinas y ocupa, en muchos sentidos, el lugar de una madre ausente.
Interpretada por Patricia López Arnaiz, Maite es quizás el personaje que más fácilmente puede interpelar al espectador. Es una mujer culta, progresista y racional, que está en pareja con un argentino interpretado por Juan Minujín. Desde su lugar, intenta proteger a Ainara y está convencida de que la decisión de la adolescente responde a una crisis propia de la edad y a los cambios que atraviesa al finalizar la escuela.
Maite cree estar preparada para acompañar a su sobrina en ese proceso de transformación. Sin embargo, la posibilidad de que realmente quiera convertirse en monja representa para ella un territorio desconocido y difícil de aceptar.
Una familia atravesada por la fe y la incertidumbre
Los domingos es una película construida sobre las actuaciones, las escenas extensas, los diálogos pausados y las miradas que dicen tanto como las palabras. En ese universo, cada personaje tiene sus propias razones, lo que obliga al espectador a involucrarse y tomar posición frente a las distintas formas que encuentra la familia para intentar comprender a Ainara.
Las intervenciones en la vida de las personas que queremos constituyen uno de los grandes ejes de la historia. Los personajes buscan acercarse a la joven y convencerla de que abandone una decisión que no logran comprender, utilizando cada uno las herramientas que tiene a su alcance.
Más que una película exclusivamente sobre el fanatismo religioso, el film explora las condiciones que pueden favorecer su aparición: la soledad, la incomprensión y las carencias emocionales como puntos de partida para buscar respuestas y afecto en otro lugar.
En una de las escenas más significativas, Ainara conversa con su tío Pablo, interpretado por Juan Minujín, quien intenta entender cómo es posible que ella hable con Dios. La respuesta de la joven forma parte de una serie de momentos dulces y dolorosos en los que los integrantes de la familia buscan persuadirla y, al mismo tiempo, comprender qué está atravesando.
Cada uno intenta alcanzar a esa adolescente brillante que tiene toda la vida por delante, pero que parece alejarse de ellos a medida que avanza en su búsqueda espiritual.
Una mirada sin buenos ni malos
Incómoda, poética, bella y profundamente perturbadora, Los domingos construye una historia que busca permanecer en la memoria del espectador. Su principal fortaleza está en la cercanía con la que aborda a sus personajes y en la ausencia de posiciones maniqueas.
En la película no existen buenos y malos claramente definidos, ni personajes que posean toda la razón frente a quienes están equivocados. Incluso la Iglesia no es presentada simplemente como una institución negativa.
La mirada crítica de Alauda Ruiz de Azúa se concentra, en cambio, en los vínculos afectivos, las necesidades de contención y las formas en que las personas construyen sus creencias y encuentran espacios para canalizar sus pasiones.
A través de una familia que intenta comprender una decisión que la desborda, Los domingos plantea preguntas sobre la fe, el amor y la necesidad humana de encontrar respuestas más allá de aquello que puede verse y tocarse.
