Un informe de Focus Market reveló que un porteño promedio dispone de 25 dólares diarios, mientras que en provincias como La Rioja sobreviven con apenas 8 dólares. ¿Somos un país o dos mundos distintos?
La Argentina Federal es un cuento de hadas que no resiste un análisis de bolsillo. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires el ingreso mensual roza los u$s 763, en el norte profundo hay provincias donde la gente tiene que hacer milagros con menos de u$s 9 por día para comer, vestirse y sobrevivir. La diferencia es un cachetazo: un vecino porteño tiene un poder de compra tres veces superior al de un riojano o un chaqueño.
La grieta ya no es solo política, es económica y geográfica. En CABA, una jornada de trabajo te permite comprar catorce empanadas o casi dos kilos de bife; cruzás un par de fronteras provinciales y ese mismo esfuerzo apenas te alcanza para cinco empanadas. ¿Cómo se explica que en un mismo país el acceso a la carne o a un helado sea un lujo para unos y un consumo básico para otros?
El informe de Damián Di Pace es lapidario: «Mientras persistan diferencias de tres a uno, cualquier discurso sobre recuperación económica es una mentira». La Ciudad sigue siendo una isla de ingresos altos en comparación con el resto del país, pero la pregunta es si este modelo es sostenible o si estamos alimentando una bomba de tiempo social basada en el lugar donde te tocó nacer.
Tierra del Fuego y Neuquén intentan seguirle el ritmo a la Capital, pero el resto del mapa es una mancha de pobreza e ingresos de subsistencia. Con u$s 8 por día no se vive, se sobrevive. Y mientras tanto, los discursos oficiales hablan de una Argentina que despega. ¿Despega para quiénes?
La desigualdad estructural del país quedó desnuda. No es solo un problema de salarios, es un problema de dignidad. El mapa de ingresos muestra una Argentina partida al medio, donde el código postal define si vas a comer bien o si vas a pasar hambre.
