El Gobierno porteño colocó un nuevo bono Tango en Nueva York y asegura que el mercado confía en su gestión, mientras el país mira de reojo el nivel de compromisos asumidos.
Mientras el bolsillo del porteño no da más, la Ciudad de Buenos Aires acaba de cerrar un negocio millonario en los mercados globales. Jorge Macri consiguió 500 millones de dólares a una tasa del 7,375%, la más baja de la historia para el distrito, aprovechando que los inversores internacionales están de oferta con el riesgo argentino.
La jugada fue un éxito de demanda: ofrecieron seis veces más de lo que la Ciudad buscaba. El ministro de Hacienda, Gustavo Arengo, salió rápido a decir que esto es gracias al «orden» de las cuentas, pero la realidad es que el Gobierno porteño se apuró a «hacer caja» antes de que la pelea política de las próximas elecciones ensucie la cancha financiera.
El nuevo bono Tango a 10 años se emitió bajo ley inglesa, una garantía que los financistas de Nueva York exigen para soltar los dólares. Con esto, la gestión de Macri busca aire para afrontar vencimientos y mantener la liquidez, en un momento donde cualquier movimiento de deuda genera sospechas y debates sobre quién terminará pagando la cuenta final.
Lo cierto es que, mientras la calificación de deuda mejora y los bancos como J.P. Morgan y Santander se frotan las manos con las comisiones, el vecino de a pie se pregunta si este «logro» se traducirá en mejores servicios o si es simplemente otra forma de hipotecar el futuro de la Capital Federal para llegar tranquilos al 2027.
¿Es una señal de confianza real o solo estamos aprovechando un veranito financiero para patear la pelota hacia adelante? La Ciudad ya tiene su montaña de dólares, ahora falta ver si el orden del que hablan llega a las calles o se queda en las planillas de Excel de Hacienda.
