El ministro de Economía aseguró que el sobreendeudamiento es responsabilidad de quienes esperaban que la inflación licuara sus deudas, mientras los impagos alcanzan niveles históricos.
La crisis financiera golpea la puerta de los hogares porteños con una cifra que asusta: la morosidad de las familias escaló al 11,2%, marcando un récord absoluto desde que se tiene registro. Luis Caputo rompió el silencio pero, lejos de traer alivio, lanzó una bomba al afirmar que el problema es de la gente que se endeudó a tasas altísimas especulando con una suba del dólar que nunca llegó.
El debate está encendido en las redes y en las calles de la Ciudad porque la realidad choca de frente con el discurso oficial. Mientras el Palacio de Hacienda saca pecho con números de préstamos récord, los informes de los bancos muestran una radiografía desesperante donde 1 de cada 4 personas ya no puede cancelar sus compromisos básicos. No son deudas de inversión, son préstamos pequeños para el consumo cotidiano que se volvieron impagables.
El fenómeno no discrimina y afecta tanto a los bancos tradicionales como a las billeteras virtuales, donde la falta de pago se duplica. La brecha entre el bajo poder adquisitivo y las tasas de interés por las nubes generó un combo explosivo que tiene a 20 millones de personas atrapadas en un círculo vicioso de intereses. Para muchos, la respuesta del ministro suena a provocación frente a una clase media que se ahoga en cuotas.
La sugerencia del Gobierno a los bancos para que bajen las tasas y estiren plazos parece ser una medida que llega tarde para miles de deudores que ya entraron en mora técnica. Con 17 meses de subas consecutivas en los índices de irregularidad, el sistema financiero está bajo un estrés que amenaza con frenar el crédito por completo, dejando a los trabajadores sin su última rueda de auxilio.
La pregunta que queda flotando es quién tiene la culpa de este descalabro financiero. ¿Es realmente una mala jugada de los ciudadanos o es la consecuencia inevitable de un plan económico que pulverizó los salarios mientras las tasas seguían volando? La tensión promete escalar mientras las familias siguen recibiendo resúmenes que ya no pueden afrontar.
