Mientras Luis Caputo festeja en Washington el acuerdo por US$ 1000 millones, los inversores locales no compran el «éxito» y las acciones argentinas se caen a pedazos.
La timba financiera vive su propio microclima. En una jornada de «pax cambiaria» con el blue atornillado y los financieros en caída, el Gobierno saca pecho por la aprobación de la revisión del FMI. Caputo logró destrabar los dólares que estaban retenidos, pero el optimismo oficial choca de frente con una realidad que los porteños conocen bien: once meses de inflación sin respiro y un ajuste que ahora castiga a los jubilados con el recorte de servicios en el PAMI.
La licitación de bonos fue «un éxito» para el Ministerio de Economía, logrando colocar más deuda de la que vencía y bajando la tasa que se paga por los Bonares. El mercado le presta al Estado, pero le escapa a las empresas argentinas. Mientras Wall Street bate récords históricos imaginando el fin de las guerras, la Bolsa de Buenos Aires sigue en el subsuelo. Los Cedears mueven el doble que las acciones locales: nadie quiere apostar al país real mientras el consumo sigue por el piso.
El Banco Central sigue comprando dólares, pero la caja sigue con agujeros. Al final del día, las reservas cayeron US$ 246 millones por el pago de deudas y porque el campo, que tiene la llave de los dólares genuinos, está «estudiando los números» y liquida a cuentagotas. La brecha cambiaria es mínima, apenas del 2%, pero esa tranquilidad parece atada con alambre mientras los depósitos en dólares se estancan y la inflación no da tregua.
El riesgo país bajó apenas un suspiro, situándose en los 518 puntos, pero eso no se traduce en mejores precios ni en alivio para el bolsillo. Las tasas de los plazos fijos siguen barranca abajo, pagando miserias que no le ganan a ningún aumento del súper. Los bonos suben porque afuera ven el excedente, pero acá adentro, las ADR de empresas clave como YPF y Pampa Energía cerraron en rojo furioso.
¿Hasta cuándo va a durar este «veranito» financiero que solo beneficia a los que apuestan a los bonos? Con el dólar planchado pero los precios volando, la pregunta que se hacen todos en la city porteña es quién va a pagar la fiesta cuando los US$ 1000 millones del Fondo se evaporen en el esquema de Caputo.
