El fondo que nos reclama una fortuna sufrió un revés judicial, pero sus dueños ya se llenaron los bolsillos mientras acá seguimos discutiendo si la nafta es nuestra o de ellos.
¡No te dejes engañar por los títulos! Dicen que Argentina «ganó» en los tribunales de Nueva York contra Burford Capital por la estatización de YPF, pero la realidad es mucho más sucia. Mientras nosotros festejamos un fallo que nos ahorra (por ahora) 16.000 millones de dólares, Christopher Bogart —el cerebro detrás del fondo buitre— ya se retiró de la mesa con 236 millones de dólares limpios en el bolsillo. ¿Cómo? Vendiendo pedacitos del juicio a otros incautos mientras la acción de su empresa subía como espuma.
Acá la pregunta que quema es: ¿Burford perdió o nos usó de vidriera? Estos tipos inventaron la «industria del juicio». Compraron los derechos para litigar contra nuestro país por dos mangos (16 millones) y, gracias a las idas y vueltas de nuestra política, convirtieron un papel manchado en una máquina de facturar. Hoy la acción de Burford se cae a pedazos, pero sus dueños ya cobraron fortunas en «ventas programadas». Básicamente, se llevaron la plata antes de que el barco se hunda.
En la Ciudad, donde el bolsillo no aguanta un aumento más en el surtidor, ver cómo estos «golden boys» de Wall Street juegan a la ruleta con nuestra petrolera bandera genera una indignación total. Bogart ahora amenaza con ir al CIADI, ese tribunal donde Argentina tiene un historial de derrotas que da miedo. No se van, se quedan a pelear los restos porque saben que, tarde o temprano, algún gobierno termina pagando.
La grieta no es solo política, es entre los que laburan y los que viven de los juicios al Estado. Mientras el Gobierno celebra un alivio temporal, los buitres de siempre ya están buscando la próxima ventana para entrar. Burford dice que YPF era solo «la frutilla del postre». Lo que no dicen es que el postre lo pagamos nosotros con cada litro de súper.
¿Ganamos una batalla o nos están preparando para una emboscada peor en el CIADI? La historia de los buitres en Argentina siempre termina igual: con nosotros pagando la cuenta.
