Tras décadas de asfixia impositiva el Gobierno porteño finalmente eliminó el tributo para las categorías más bajas del monotributo. Una medida que llega tarde pero que sacude el bolsillo de los autónomos.
La presión fiscal en la Capital Federal acaba de dar un respiro inesperado que beneficia de forma directa a quienes trabajan por su cuenta. Después de años de ver cómo el Estado se quedaba con una tajada de cada factura emitida, más de cien mil contribuyentes porteños tienen la posibilidad de dejar de pagar o reducir drásticamente el Impuesto sobre los Ingresos Brutos.
Peluqueros, mecánicos y fotógrafos que reman el día a día ahora están bajo la lupa de este alivio automático, aunque hay una trampa que genera bronca. Solo los que tienen los papeles al día y cero deudas acceden al beneficio sin vueltas. Para el resto, la Ciudad puso un reloj en marcha con una moratoria que vence este 30 de abril, obligando a los morosos a ponerse en caja si quieren el descuento.
La polémica estalla entre quienes consideran que esto es solo una lavada de cara frente a la inflación y los que celebran que, por primera vez, el alivio llega al que presta servicios en la calle. Jorge Macri asegura que se deja de asfixiar a los que viven de su oficio, pero muchos se preguntan por qué no se eliminó el impuesto para todas las categorías por igual.
Mientras 35 mil personas ya festejan el pago cero, otros 93 mil siguen atrapados en deudas que deben regularizar a contrarreloj. El paquete incluye también beneficios para jubilados y pymes, intentando calmar las aguas en un microcentro que ya no aguanta más aumentos de servicios y costos fijos.
La decisión está sobre la mesa y el debate en las esquinas porteñas es total. ¿Alcanza con este recorte o el Estado sigue siendo el socio mayoritario de tu esfuerzo?
