La Cámara del Trabajo habilitó más de 80 artículos que cambian para siempre las indemnizaciones, el período de prueba y hasta cómo te vas a tomar las vacaciones.
Se terminó la espera para el Gobierno y empezó el dolor de cabeza para los gremios: la reforma laboral ya es una realidad efectiva en cada rincón de la Capital Federal. Tras el fallo de la Cámara de Apelaciones que barrió con la cautelar de la CGT, los trabajadores porteños se despiertan con un nuevo esquema donde el banco de horas y el fondo de cese laboral prometen dar vuelta el mercado de trabajo tal como lo conocíamos.
La letra chica es un puñal para los derechos tradicionales. Lo más polémico es la eliminación de las multas por el empleo «en negro»; ahora, los empleadores que no registraron a su gente quedan perdonados de sanciones pesadas si deciden blanquearlos. Además, el período de prueba se estira hasta los seis u ocho meses según el tamaño de la pyme, permitiendo que te echen sin poner un peso de indemnización durante casi tres cuartos de año.
En cuanto a la plata, el golpe al bolsillo es directo. Las indemnizaciones ahora se calculan solo sobre el sueldo base, dejando afuera el aguinaldo y las vacaciones del cómputo. Pero eso no es todo: si una empresa grande pierde un juicio, podrá pagarte la condena en cómodas seis cuotas, mientras que las más chicas tendrán hasta un año entero para cancelar lo que te deben por ley.
Las vacaciones también entran en la licuadora. Si bien se mantiene el período de octubre a abril, ahora vas a poder «negociar» fraccionarlas en tiritas de apenas siete días. Y si sos de los que metía horas extra para salvar el mes, ojo: llega el «banco de horas», un sistema donde el jefe puede compensar ese tiempo con francos o jornadas más cortas en lugar de pagarte el excedente en efectivo.
La calle ya hierve y la pregunta es una sola: ¿esto es modernización o un retroceso al siglo diecinueve? Mientras Milei festeja, las oficinas de Recursos Humanos de Microcentro ya están desempolvando los nuevos contratos.
