El Gobierno porteño anunció cocheras subterráneas en plazas y parques, pero los expertos advierten que la medida solo traerá más caos y contaminación al centro.
La paciencia del conductor porteño está al límite, y la nueva receta oficial para «descongestionar» la Ciudad parece tirar más nafta al fuego. Con el anuncio de construir playas de estacionamiento debajo de espacios verdes emblemáticos como Plaza Armenia, el Ministerio de Infraestructura porteño busca sacar los autos de la calle, pero el tiro podría salir por la culata: al facilitar el «parking» en zonas saturadas, lo único que se logra es atraer a más gente en auto al embudo porteño.
El plan de Jorge Macri consiste en dar concesiones a 20 años para que privados operen estas playas bajo parques y plazas. El problema es que, a diferencia de lo que pasa en las grandes capitales del mundo, estas cocheras no están cerca de los subtes para que el vecino deje el auto y siga en transporte público. Al contrario, se ubican en pleno Palermo o Belgrano, incentivando a que el conductor se mande derecho al corazón del conflicto vehicular.
Los datos oficiales son una bofetada al relato de la congestión: aunque se dice que entran 3 millones de personas, en realidad ingresan 1,3 millones desde el Conurbano, y la gran mayoría lo hace en colectivo o tren. Solo un cuarto de los viajes son en auto, y generalmente con una sola persona a bordo. ¿Por qué seguimos diseñando la Ciudad para el tipo que viaja solo en su coche mientras el 75% de los porteños se mueve a pie o en transporte público?
La «falsa solución» de exigir cocheras en cada edificio nuevo también está bajo la lupa. Obligar a construir estacionamientos encarece los alquileres para todos, incluso para el 60% de los hogares que ni siquiera tiene auto. Es un subsidio oculto que los peatones le pagan a los automovilistas. La realidad es que el espacio en la calle es finito y no existe el «derecho humano» a estacionar gratis donde uno quiera.
La verdadera salida no es más cemento subterráneo, sino cobrar el estacionamiento según la demanda y volcar esa plata en veredas y transporte público de calidad. ¿Estamos dispuestos a aceptar que el auto particular ya no cabe en Buenos Aires o vamos a seguir rompiendo plazas para tapar el sol con las manos?
