La embestida del jefe de Gobierno contra la gestión bonaerense no solo recibió una respuesta técnica, sino una estocada política. El ministro de Seguridad desnudó la «amnesia territorial» de Macri y vinculó sus ataques a una necesidad de oxigenar su propia gestión en la Ciudad, hoy acorralada por el deterioro de su imagen.
El ataque como distracción
Jorge Macri intentó una jugada clásica: señalar el desorden ajeno para evitar hablar del propio. Al calificar a la Provincia como una «tierra de nadie», el jefe de Gobierno porteño buscó reactivar el histórico prejuicio sobre la inseguridad bonaerense. Sin embargo, su planteo de «falta de coordinación» con los intendentes chocó de frente con una respuesta que no apeló a la diplomacia de oficina, sino a la memoria política.
La estocada de Alonso: ¿Gestión o conveniencia?
Javier Alonso, el hombre fuerte de la seguridad de Axel Kicillof, no tardó en exponer la debilidad del argumento porteño. Con una frase que caló hondo en el currículum de su adversario, le recordó que haber gobernado Vicente López no lo habilita a dar cátedra sobre un territorio que parece haber olvidado. El mensaje de Alonso fue quirúrgico: Macri siempre tuvo la mirada puesta del otro lado de la General Paz, sugiriendo que su paso por la Provincia fue apenas un trampolín logístico.
La crisis de fondo
Detrás de la pirotecnia discursiva, lo que asoma es una urgencia política. Jorge Macri necesita un enemigo externo para cohesionar a su electorado en un momento donde la Capital Federal empieza a mostrar fisuras en su «modelo de orden». Alonso no solo desmintió la falta de apoyo a los municipios, sino que expuso el trasfondo: Macri utiliza a la Provincia como un escudo para proteger una imagen pública en retroceso. La disputa ya no es por la seguridad, es por quién sostiene el relato de la autoridad en el AMBA.
