Una detonación masiva destruyó un complejo de departamentos en Perito Moreno y dejó un saldo desgarrador de víctimas fatales mientras los rescatistas buscan desesperadamente más cuerpos bajo los escombros.
La tragedia golpeó con una fuerza brutal en el barrio San Antonio de Padua, donde una explosión que se escuchó en toda la ciudad convirtió un edificio residencial en una trampa mortal de fuego y cemento. En cuestión de segundos, la vida de un bebé de apenas dos meses y la de dos adultos mayores se apagó, dejando a la comunidad en un estado de shock absoluto y desesperación.
Mientras los vecinos intentaban mover los restos de las paredes con sus propias manos para salvar a los atrapados, llegaron los equipos de emergencia que confirmaron el desastre: siete heridos graves, entre ellos cuatro nenes de entre 8 y 12 años que ahora pelean por su vida. Una mujer fue trasladada de urgencia a terapia intensiva, evidenciando la magnitud de un siniestro que no dio tiempo a nada.
La indignación crece entre los habitantes de la zona mientras se esperan peritajes oficiales que expliquen cómo pudo ocurrir semejante estallido. El trabajo de bomberos y policías no se detiene, ya que todavía se reportan personas desaparecidas que podrían haber quedado sepultadas tras el colapso estructural de la vivienda afectada.
El Gobierno provincial activó alertas rojas en los hospitales de la región y desplegó asistencia psicológica para los sobrevivientes, quienes lo perdieron todo en un abrir y cerrar de ojos. El país entero mira hoy al sur, donde el dolor se mezcla con la incertidumbre de saber si esta tragedia pudo haberse evitado con controles más rigurosos.
¿Hasta cuándo vamos a seguir lamentando muertes evitables por instalaciones que son auténticas bombas de tiempo en los hogares? La investigación recién empieza, pero el vacío que dejan estas víctimas ya es irreparable.
