Los galanes más codiciados de la televisión argentina debutaron en el Multiteatro con una versión de Secreto en la montaña que ya divide aguas por su alto contenido erótico.
La avenida Corrientes arde con una propuesta que pocos esperaban de dos figuras tan ligadas al rol de «galán tradicional». Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe se pusieron las botas de cowboy para protagonizar una historia de amor prohibido que no se guarda nada, incluyendo un desnudo total en escena que ya es el tema de conversación obligado en los cafés porteños.
Bajo la dirección de Javier Daulte, la obra no busca la sutileza. La trama, que sigue el romance clandestino entre dos vaqueros en la década del 60, alcanza picos de tensión física que incluyen lo que el propio Vicuña definió como el beso más fuerte de su trayectoria. Para muchos, es una jugada maestra; para otros, una provocación innecesaria que busca el impacto visual por sobre lo narrativo.
El debate no tardó en estallar en las redes sociales. Mientras las funciones se agotan, las críticas apuntan a la diferencia de edad entre los actores y los personajes originales, cuestionando si dos hombres de más de 40 años pueden encarnar la fragilidad de un amor juvenil. Sin embargo, el riesgo asumido por los protagonistas parece silenciar los prejuicios a fuerza de una entrega física absoluta sobre el escenario.
La coproducción de Adrián Suar apuesta fuerte al morbo y a la calidad interpretativa para reinventar un clásico del cine que dejó una vara altísima. No se trata solo de teatro; es un duelo de egos y carisma donde los actores se exponen literal y simbólicamente frente a una audiencia que no les pierde pisada.
¿Es una verdadera pieza de arte dramático o un movimiento comercial basado en el impacto del desnudo? La respuesta queda en manos de los espectadores que llenan la sala, mientras la polémica por la «excesiva» crudeza de las escenas sigue alimentando las marquesinas del centro porteño.
