El informe oficial del primer trimestre confirma que la vivienda en la capital es inalcanzable mientras la oferta en pesos desaparece y el corredor norte dolariza sus contratos.
El gobierno porteño, a través del instituto de estadística y censos local, reveló cifras que confirman la crisis habitacional que atraviesa la ciudad de Buenos Aires. Durante el primer trimestre de 2026, el alquiler promedio de un departamento usado de dos ambientes alcanzó los 721.267 pesos. Este incremento del 33,6% interanual no solo supera la inflación oficial del distrito, sino que marca una brecha de más de 227.000 pesos entre los barrios más caros y los más económicos del mapa porteño.
La situación en el corredor norte es crítica para los inquilinos, con barrios como Núñez, Belgrano y Palermo liderando un ranking de precios que ya rompió la barrera de los 800.000 pesos mensuales. La zona de Núñez se posicionó como la más costosa con un promedio de 834.798 pesos, seguida de cerca por Belgrano y Chacarita. El fenómeno de la dolarización también avanza sin freno, especialmente en Palermo, donde casi la mitad de las publicaciones ya exigen moneda extranjera para cerrar el trato.
En la otra punta de la tabla, Barracas aparece como la opción menos costosa con un promedio de 606.953 pesos, aunque sigue representando una cifra prohibitiva para el salario mínimo. Otros sectores como San Cristóbal, Liniers y Boedo se mantienen por encima de los 600.000 pesos, dejando en claro que ya no quedan rincones accesibles en la capital. La disparidad territorial es evidente, mientras el norte se vuelve exclusivo, el sur resiste con valores que igualmente asfixian el presupuesto familiar.
Lo más alarmante para la sociedad es la caída del 15% en el stock de departamentos ofrecidos en moneda nacional durante los últimos meses. El avance de los avisos en dólares en barrios con alta conectividad está desplazando a los residentes históricos hacia las periferias. La jueza y la justicia parecen mirar hacia otro lado mientras la ley de alquileres y sus consecuencias directas en el mercado desregulado terminan por pulverizar el acceso a la vivienda digna para los trabajadores.
El mercado inmobiliario porteño se ha transformado en un sistema de exclusión donde el 75% de la oferta se concentra en unidades pequeñas para individuos o parejas. Los departamentos de tres o cuatro ambientes son hoy una especie en extinción, obligando a las familias a amontonarse en espacios reducidos o abandonar la ciudad. La tendencia de aumentos trimestrales por encima de los índices de precios sugiere que el techo para los alquileres en la capital todavía está muy lejos de encontrarse.
