La senadora apuró al jefe de Gabinete Manuel Adorni y presentó su declaración jurada antes de tiempo, desatando una fuerte polémica en el oficialismo por la investigación sobre enriquecimiento ilícito.
El clima político en la Ciudad de Buenos Aires arde tras el último movimiento de Patricia Bullrich, quien ignoró por completo las órdenes del presidente de la Nación, Javier Milei, de alinearse detrás de la figura de Manuel Adorni. La legisladora se anticipó al plazo legal y entregó su declaración jurada de bienes ante la Oficina Anticorrupción, un gesto que en el entorno presidencial fue recibido como una provocación directa en medio del escándalo por el patrimonio del jefe de Gabinete.
La jugada expone la fragilidad de la tregua interna dentro de La Libertad Avanza. La Justicia investiga a Manuel Adorni por presunto enriquecimiento ilícito tras las denuncias sobre refacciones suntuosas de una vivienda en un country por 245.000 dólares en efectivo. La decisión de Bullrich de apurar los tiempos burocráticos busca marcar un fuerte contraste ético y presionar públicamente al funcionario respaldado por el mandatario.
Desde el entorno del jefe de ministros intentaron minimizar el impacto del desafío, argumentando que la presentación del funcionario tardará al menos dos semanas más. Sin embargo, la tensión es inocultable y los pasillos de la Casa Rosada se convirtieron en un escenario de especulaciones sobre el futuro de la relación política entre el sector duro del PRO y la mesa chica del Poder Ejecutivo.
El reencuentro formal entre los protagonistas de este conflicto está pautado para el próximo lunes en la Catedral Metropolitana durante el Tedeum por el 25 de mayo. El debate ciudadano se enciende en torno a la autoridad presidencial y los niveles de exigencia de transparencia en las declaraciones patrimoniales de los funcionarios públicos de la alta estructura del Estado.
La desobediencia explícita de la senadora reinstala la discusión sobre el verdadero peso de los liderazgos dentro de la coalición gobernante. El oficialismo afronta una crisis de cohesión interna justo en la antesala de los actos patrios y las reuniones clave de gabinete que definirán la estrategia del Gobierno para las próximas semanas.
