El invierno todavía no empezó y las restricciones ya golpean a las industrias con contratos firmes mientras el equipo económico de Luis Caputo se niega a subsidiar el brutal sobrecosto de el gas importado.
La crisis energética nacional estalló mucho antes de lo previsto y amenaza con paralizar la producción en todo el país. Unas 130 plantas fabriles ya sufren interrupciones forzadas en el suministro debido a que la red de gasoductos es totalmente insuficiente para abastecer la demanda. La falta de previsión estatal vuelve a dejar al sector productivo al borde de el abismo, obligando a las empresas a elegir entre apagar las máquinas o pagar tarifas siderales.
La Unión Industrial de Córdoba y las principales cámaras de el norte lanzaron un durísimo comunicado denunciando que la energía se administra con una improvisación total. La bronca de los empresarios radica en que los cortes ya no solo afectan a los contratos interrumpibles, sino también a las compañías que pagan fortunas para asegurarse el recurso de forma permanente. Producir bajo la incertidumbre diaria se volvió una misión imposible para las pymes regionales.
El trasfondo del conflicto se agrava por la guerra en Oriente Medio, que disparó el costo de el gas natural licuado de 10 a 22 dólares por millón de BTU. La Secretaría de Energía, bajo la conducción de María Tettamanti, ya rechazó cualquier tipo de auxilio financiero argumentando una falta total de presupuesto. Los industriales exigen una respuesta urgente de el ministro Luis Caputo para evitar que este encarecimiento termine trasladándose de forma directa a los precios de las góndolas.
Los técnicos de la Unión Industrial Argentina advierten que las mayores complicaciones se concentran en el corredor de el Litoral y el noroeste argentino por la parálisis en las obras de infraestructura clave. El megaproyecto de el gasoducto Tratayén-La Carlota, que conectaría Vaca Muerta con la zona central, sigue postergado, lo que condena a las fábricas a padecer restricciones severas durante todo el mes de junio.
La parálisis productiva deja abierta una encrucijada letal para la economía en los meses de bajas temperaturas. Con un mercado interno golpeado por la recesión y márgenes de ganancia asfixiados, la falta de reglas claras en materia energética pone en riesgo miles de puestos de trabajo. La decisión final está en manos de el gobierno, que prefiere sostener el ajuste fiscal antes que garantizar el gas para las industrias.
