El hallazgo de un bolso negro frente a la Cámara de Apelaciones obligó a desplegar un violento operativo del Escuadrón Antibombas que cortó el tránsito y sembró el pánico en pleno centro porteño.
El corazón institucional y cultural de la Ciudad de Buenos Aires se transformó en un escenario de caos absoluto durante la mañana de este miércoles. El hallazgo de un misterioso paquete abandonado frente a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, sobre la calle Viamonte al 1100, desató una alerta máxima por terrorismo urbano que congeló las actividades en los alrededores del Teatro Colón. El fantasma de la intimidación pública volvió a sacudir la modorra de los tribunales porteños, obligando a evacuar de urgencia las veredas de la zona.
La respuesta oficial incluyó el despliegue inmediato del Escuadrón Antibombas de la Policía de la Ciudad, cuyos efectivos acordonaron el perímetro y activaron los protocolos de detonación controlada ante la mirada atónita de cientos de transeúntes. El operativo generó un monumental embotellamiento de tránsito en un área clave de la Capital Federal, donde funciona además una alcaidía con detenidos, elevando al máximo los niveles de tensión y sospecha generalizada. ¿Cómo puede ser que cualquiera deje un bolso en una de las esquinas más vigiladas del país sin que nadie lo note?
Tras tensas horas de peritajes técnicos con equipos de alta tecnología, los especialistas confirmaron que el artefacto dio negativo para carga explosiva y procedieron a reabrir la circulación peatonal. Sin embargo, el alivio provisorio no logró calmar los ánimos de los trabajadores judiciales ni de los comerciantes de la zona, quienes denuncian de forma sistemática la desprotección y la facilidad con la que se logran alterar los esquemas de seguridad en el centro porteño. La Policía Científica trabaja ahora a contrarreloj sobre las cámaras de seguridad para intentar identificar al responsable de la maniobra.
El caso judicial quedó radicado en el Juzgado en lo Criminal y Correccional Número 2 bajo la carátula formal de intimidación pública, abriendo el debate sobre el endurecimiento de las penas para este tipo de episodios que paralizan el funcionamiento del Estado. La frecuencia de estas alertas falsas siembra sospechas políticas sobre el verdadero origen de los bultos abandonados, que sistemáticamente logran vulnerar la tranquilidad en los puntos más estratégicos de la administración pública.
La situación en la zona de Tribunales se normalizó, pero la sensación de fragilidad quedó flotando en el ambiente del microcentro. Dejen su opinión en el muro: ¿estamos ante simples descuidos de transeúntes o se trata de una campaña planificada para sembrar el miedo y poner a prueba los reflejos de las fuerzas de seguridad?
