El Gobierno porteño cedió de forma gratuita más de ocho mil metros cuadrados a San Lorenzo para su futuro estadio a cambio de obras que tardarán hasta diez años en completarse.
La entrega de tierras públicas en la Ciudad de Buenos Aires volvió a encender una mecha que promete hacer arder el debate urbano. A través de la Corporación Buenos Aires Sur, el Ejecutivo conducido por Jorge Macri firmó un convenio de usufructo gratuito con el presidente de San Lorenzo, Sergio Costantino, otorgándole los 8.345 metros cuadrados que faltaban para avanzar con el polémico proyecto de la cancha en avenida La Plata. Mientras la dirigencia azulgrana festeja el avance de la vuelta a Boedo, la letra chica del contrato desató una ola de cuestionamientos sobre el verdadero costo que pagarán los contribuyentes.
El acuerdo, que ahora debe ser ratificado por la Asamblea de Representantes del club el próximo 16 de junio, establece exigencias que muchos consideran irrisorias para semejante concesión de espacio público en una de las zonas más densamente pobladas de la Capital. A cambio del terreno gratis, San Lorenzo se comprometió a construir cinco playones deportivos en el sur de la Ciudad, pero tiene un plazo insólito de cinco años para hacerlo. Además, el avance del 20% de la obra del estadio y la sede social recién se exigirá dentro de una década. ¿Un cheque en blanco para la dirigencia del fútbol?
El punto más caliente pasa por el uso comercial del codiciado predio de Boedo, que quedará atado a futuros consensos y cánones especiales, abriendo la puerta a un negocio inmobiliario y de entretenimientos millonario en medio de un barrio residencial. Aunque la letra oficial promete un espacio verde de acceso público y becas educativas para los habitantes del lugar, las dudas sobre el impacto ambiental, el caos de tránsito y la seguridad en los días de partido dividen drásticamente las posturas en la Comuna 5.
La firma de este convenio saca a la luz la facilidad con la que la política cede tierras estratégicas a los clubes grandes, postergando las necesidades reales de infraestructura urbana y espacios verdes libres que reclama la ciudadanía en territorio porteño. El negocio del fútbol vuelve a ganar una pulseada clave en los despachos oficiales.
¿Es un acto de justicia histórica para el club o una entrega escandalosa del patrimonio de los habitantes de la Ciudad? La discusión por el impacto del futuro estadio de Boedo acaba de empezar y promete transformar el mapa urbano para siempre.
