La sanción del árbitro Yael Falcón Pérez por una mano imperceptible de Lautaro Rivero liquidó las ilusiones millonarias y encendió el debate por los fallos tecnológicos.
El desenlace del Torneo Apertura dejó una herida abierta en el fútbol nacional y una polémica gigantesca que paraliza las discusiones en los cafés de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Cuando el conjunto de Núñez acariciaba la gloria con un triunfo parcial, una intervención del sistema de videoarbitraje torció el destino del partido y le otorgó a Belgrano la oportunidad de oro para iniciar una remontada histórica que privó a los bonaerenses de una nueva vuelta olímpica.
La jugada del escándalo se produjo cuando la pelota impactó en el brazo del defensor Lautaro Rivero, quien se encontraba con las manos detrás del cuerpo para evitar el contacto. Pese a la postura natural del futbolista, el encargado del VAR, Leandro Rey Hilfer, forzó la revisión de la jugada y convenció al juez principal de cobrar la pena máxima bajo el polémico argumento de un supuesto movimiento intencional hacia el balón.
La indignación de la parcialidad millonaria estalló de inmediato en las plataformas digitales de la capital, donde se cuestiona con dureza el criterio unificado de los arbitrajes y la supuesta animosidad contra el equipo porteño. El delantero Nicolás Fernández aprovechó el penal regalado para estampar el empate transitorio y, pocos minutos después, selló el tres a dos definitivo tras capturar un centro de Franco Vázquez ante la mirada de una defensa completamente desmoralizada.
Los analistas deportivos y los hinchas de la City porteña coinciden en que el uso de la tecnología destruyó el espíritu del juego en la jugada decisiva de la final. Los reproches se dirigen tanto a la terna arbitral por torcer el desarrollo de un partido limpio como a la falta de reacción de los jugadores de River ante la adversidad.
La consagración histórica del elenco cordobés queda bajo la lupa debido a este fallo bisagra, abriendo un áspero debate sobre si los campeonatos argentinos se definen por mérito futbolístico en el césped o por las dudosas interpretaciones de los jueces en las cabinas de televisión.
