Las ventas de nafta y gasoil sufrieron un desplome generalizado en casi todo el país, con una caída del 5,1% en un solo mes, mientras los valores locales en dólares superan a los de los principales mercados internacionales.
El negocio de los combustibles en la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en un verdadero asalto al bolsillo de los automovilistas. Un informe de la consultora Politikon Chaco confirmó que el consumo se desplomó un 5,1% en abril respecto a marzo, exponiendo que la paciencia y los recursos de los conductores llegaron al límite. La nafta súper lideró la baja con una contracción del 1,6%, demostrando que ni siquiera los parches temporales implementados por las petroleras alcanzan para disimular un esquema de precios que se volvió completamente prohibitivo para el tránsito diario en las avenidas porteñas.
El dato más escandaloso que desató la indignación generalizada surge del relevamiento del Instituto Argentina Grande, el cual certifica que un argentino paga en promedio 1,44 dólares por litro de nafta. La cifra supera ampliamente los 1,19 dólares que abona un consumidor en Estados Unidos, país que paradójicamente importa crudo local, y se ubica también por encima de los 1,35 dólares que se registran en Brasil. El ajuste en dólares dentro del mercado interno trepó un 23,1% en los últimos tres meses, ubicando a la administración nacional entre los territorios que aplicaron los mayores aumentos a nivel global sobre un total de 129 países analizados.
Para intentar frenar el descontento masivo, la empresa YPF, que concentra el 56% del mercado, renovó un congelamiento de precios por otros 45 días tras aplicar un último ajuste del 1%, una medida a la que se sumarán firmas como Shell, Puma y Axion hasta mediados de julio. Sin embargo, el congelamiento llega tarde y con los valores en un techo histórico que paralizó los surtidores de la Capital Federal, jurisdicción que concentra el pico más alto de demanda de naftas de todo el territorio nacional con el 78% del volumen total.
La brutal caída en las ventas deja al descubierto el fracaso de la política energética que traslada el costo del escenario internacional de manera directa y amplificada a los ciudadanos, mientras las petroleras privadas como Shell registran caídas del 8,6% en su comercialización. El intento de maquillar los incrementos mediante los combustibles premium ya no funciona porque el consumo general se hunde de forma vertical ante la falta de poder adquisitivo.
La tregua provisoria en los precios estipulada hasta el próximo mes no soluciona el desfasaje de fondo que asfixia a quienes necesitan el auto para trabajar o movilizarse. La polémica por el costo de mantener el tanque lleno promete intensificarse a medida que se acerque la fecha de vencimiento del acuerdo con las empresas del sector.
