El club activó el protocolo de emergencia tras una denuncia anónima que relata golpes, tocamientos y amenazas con fotos íntimas entre chicos de 12 años.
Lo que debería ser una escuela de formación se transformó en una pesadilla de vestuario que sacude los cimientos del fútbol argentino. La categoría 2013 de Rosario Central quedó fuera de toda actividad luego de que la Defensoría de Menores recibiera un relato escalofriante: niños víctimas de agresiones físicas, abusos de poder y una red de hostigamiento digital que incluía la difusión de imágenes sensibles para amedrentar a los compañeros.
Los detalles de la denuncia son una bofetada a la confianza de cualquier padre que deja a su hijo en un club. Se habla de episodios donde menores fueron desnudados, golpeados y sometidos a tocamientos, todo esto mientras otros filmaban para luego realizar «escraches» en grupos de redes sociales. La violencia no se quedó en el predio, sino que se extendió al mundo virtual como una herramienta de tortura psicológica.
Desde la institución intentaron reaccionar rápido suspendiendo a todo el equipo, pero el daño ya es profundo. En las reuniones de emergencia, algunos padres admitieron que sus hijos participaron de estas «bromas» pesadas, mientras otros familiares estallaron de furia al enterarse de que el entorno donde sus hijos buscaban un sueño profesional era, en realidad, un escenario de acoso sistemático.
La Justicia ahora pone la lupa sobre los coordinadores y entrenadores. ¿Dónde estaban los adultos mientras esto pasaba en los vestuarios? La impunidad con la que se habrían manejado estos chicos de apenas 12 años deja al descubierto una falta de control total en las inferiores, donde la competencia parece haber borrado cualquier límite ético o de respeto básico.
La investigación recién empieza y la categoría 2013 seguirá en el freezer hasta nuevo aviso. Queda abierta la pregunta más dolorosa: ¿cuántos casos más como este se ocultan bajo la alfombra del fútbol profesional por temor a arruinar una carrera?
