Los relevamientos de las consultoras privadas detectaron subas del uno por ciento semanal en las góndolas porteñas mientras el transporte y las tarifas fijan un piso impagable
El relato oficial sobre el control absoluto de la inflación acaba de chocar de frente contra las góndolas de los supermercados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tras el festejo del gobierno nacional por el índice de abril, las mediciones de la segunda semana de mayo encendieron las alarmas al registrar una preocupante aceleración del 1% en el rubro de alimentos y bebidas, desnudando que la escalada de precios está lejos de haberse detenido.
Los informes de las consultoras privadas EconViews y Analytica confirmaron que la estabilidad duró apenas unos días. En el promedio de las últimas cuatro semanas, los incrementos están liderados por productos esenciales como las verduras, que treparon un escandaloso 7,8%, seguidas por el pescado con un 4,2% y la carne, que empieza a moverse nuevamente tras un breve período de estancamiento.
La situación es crítica porque los gastos fijos no dan tregua en el territorio porteño. El rubro de transporte, impulsado por el tarifazo salvaje que el gobierno nacional aplicó en los colectivos y trenes del Área Metropolitana de Buenos Aires, lidera las presiones sobre el índice general junto con los aumentos autorizados en educación y telecomunicaciones, áreas que absorben la mayor parte de los ingresos familiares.
Para intentar maquillar el índice de los próximos meses y estirar la agonía del modelo, la petrolera estatal YPF anunció un aumento del 1% en los combustibles para luego aplicar un congelamiento forzado de 45 días. Sin embargo, los economistas advierten que este parche temporal no bastará para contener la inercia inflacionaria si los costos internacionales del petróleo siguen en alza por el conflicto en Medio Oriente.
La brecha entre las planillas de Excel que festeja el oficialismo y el costo real de la canasta básica en los barrios de la Capital Federal profundiza el malestar social. Con una inflación que se resiste a perforar el piso del 2,5% mensual, la promesa de alcanzar un escenario de estabilidad real parece cada vez más lejana para los sectores trabajadores.
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