- La Secretaría de Energía metió un descuento de apuro para junio con el único objetivo de maquillar los tarifazos en medio del frío polar.
El anuncio oficial de nuevos descuentos para los servicios públicos destapó una feroz ola de sospechas en la Capital Federal. Frente a la inminente llegada de boletas impagables por el consumo invernal, las autoridades nacionales decidieron prorrogar los beneficios para los sectores de menores ingresos, una jugada que muchos consideran un parche temporal para contener el estallido del humor social ante el brutal costo de vida.
La resolución publicada en el Boletín Oficial estipula un descuento del setenta y cinco por ciento en el gas y un sesenta y dos por ciento en la luz para los hogares registrados en el sistema de Subsidios Energéticos Focalizados. El argumento de la razonabilidad y la gradualidad choca de frente con la realidad de los usuarios que mes a mes ven cómo los ingresos fijos se pulverizan frente a las constantes actualizaciones tarifarias.
Los sectores comerciales y las pymes porteñas quedaron totalmente marginados de este alivio invernal, lo que enciende las alarmas por posibles cierres y traslados de costos a los precios finales. La exclusión de la clase media trabajadora de estos topes de consumo vuelve a generar un profundo resentimiento, ya que son quienes sostienen el sistema impositivo mientras reciben las facturas más abultadas.
Los clubes de barrio y las entidades benéficas apenas logran calificar para estas bonificaciones adicionales que vencen en el corto plazo. El tope de ingresos familiares fijado en base a tres canastas básicas deja afuera a miles de asalariados que, a pesar de no cubrir los costos de la canasta tecnológica, son catalogados por el Estado como usuarios de altos ingresos y pagan tarifas plenas de nivel internacional.
La prórroga de los subsidios hasta junio expone la fragilidad de un plan económico que necesita recurrir al asistencialismo tarifario para evitar un colapso en el invierno. La verdadera encrucijada se presentará cuando los plazos de gracia terminen y el invierno muestre las caras de las familias que deberán decidir entre encender la calefacción o garantizar la comida diaria sobre la mesa.
