En medio del clima mundialista, mientras la atención mediática se vuelca sobre el desempeño del plantel argentino en Estados Unidos, México y Canadá, Oriana Sabatini se encargó de bajar a tierra las fantasías sobre el entorno de las parejas de los futbolistas. Lejos de las versiones de «cofradías» cerradas o intrigas palaciegas, la artista fue contundente al definir la dinámica del grupo: «No es tan interesante como la gente cree».
Del mito de la cofradía a la realidad de la «pachorra»
La reciente maternidad de Sabatini junto a Paulo Dybala marcó un cambio de ciclo. La artista, que vivió el fervor de Qatar 2022 desde adentro, decidió priorizar su tranquilidad familiar y mantenerse al margen de los viajes tras el seleccionado en este 2026.
Al ser consultada por los rumores de rivalidad —especialmente aquellos que apuntaban a una supuesta tensión con Ailén Cova, pareja de Alexis Mac Allister—, Oriana desestimó cualquier conflicto con una sentencia tajante: «Cero». En lugar de un grupo con tintes de exclusividad, prefirió utilizar la figura de un «coven» (aquelarre), aclarando que el vínculo es, ante todo, un refugio para mujeres que deben sortear la soledad y los traslados constantes en países ajenos.
La honestidad sobre los grupos de chat
Sobre su permanencia en el círculo íntimo y los chats grupales, la cantante mostró una honestidad refrescante. Reconoció que no es asidua a las reuniones y que, probablemente, su lugar haya sido ocupado naturalmente por las nuevas familias que se suman al ciclo renovador de la Scaloneta.
«Yo igual soy medio… Yo no me junto nunca con nadie», confesó sin filtros. Sabatini admitió que, aunque siempre recibe invitaciones de sus pares, su preferencia personal por la soledad —a la que denominó «pachorra»— la lleva a declinar constantemente las salidas. «Siempre les agradezco mucho que me tengan en cuenta, que me inviten, pero yo siempre soy de quedarme en mi cuarto completamente sola, haciendo nada», añadió entre risas.
Desmitificar la exposición
La palabra de Oriana Sabatini funciona como un espejo que devuelve una imagen mucho más terrenal de la que proyectan las docuseries y los portales de chimentos. Su mensaje parece claro: detrás del aura de «mujeres de la Selección», lo que hay es un grupo de personas gestionando la crianza y la vida cotidiana en contextos de alta presión, lejos de los guiones de drama que el público intenta construir.
En un año electoral para la Argentina y un Mundial que demanda foco total en lo futbolístico, la postura de Sabatini se aleja de la espectacularización para abrazar una vida privada donde la exposición de la «Scaloneta» no ocupa el centro de la escena.
