El fútbol mercantilizado de las grandes franquicias internacionales vuelve a chocar contra la muralla de la pertenencia y las identidades populares.
En las últimas horas, el mediocampista de la Selección Argentina y referente de Boca Juniors, Leandro Paredes, desmanteló de forma categórica las operaciones y rumores construidos por sectores de la prensa hegemónica que buscaban instalar una inminente partida hacia el Inter Miami de los Estados Unidos.
En una entrevista concedida al programa «Lo Del Pollo», el volante campeón del mundo no se anduvo con rodeos frente a las versiones que intentaban desestabilizar el ecosistema del club de la Ribera tras la reciente e dolorosa eliminación de la Copa Libertadores. Con la mirada puesta en el Mundial 2026, pero con el corazón aferrado a las barriadas populares de Argentina, Paredes fue tajante: «No hablé con nadie del Inter Miami, ni Leo (Messi) tampoco me escribió».
La ofensiva de los micrófonos complacientes del poder, acostumbrados a desahuciar las pasiones locales para alimentar el show de los millones norteamericanos, encontró una resistencia doctrinaria en la palabra del jugador. El futbolista expuso con lucidez cómo funciona el andamiaje de la desinformación en el fútbol local: «Estas cosas salen porque cuando pierde un partido Boca o estoy peleado con Román o me quiero ir. Pagué un precio alto, sabía dónde me metía». La maniobra corporativa, de manual, busca desgastar las conducciones populares en favor del capital financiero y la privatización del sentimiento.
Más allá de la distensión muscular que lo marginó de los últimos entrenamientos previos al debut de la Selección en la cita mundialista, la prioridad del futbolista radica en saldar una deuda histórica con las tribunas populares que sostienen el fervor de la Bombonera. Para Paredes, el arraigo no se negocia por billetes en una vidriera artificial: «Estoy feliz, encontré lo que necesitaba. Estoy en el club que amo, disfrutando donde estoy. Estoy donde quiero estar y eso es lo importante».
El mediocampista dejó en claro que su regreso al país en enero de 2025, concretado tras armar las valijas de forma anticipada con su familia, responde al deseo militante de conquistar la gloria dentro de la cancha y no a un retiro confortable. «No volví para estar en una bandera. Quiero ganar cosas importantes, tengo mucho por delante para ponerme en ese altar». En un contexto social donde las multinacionales intentan colonizar las pasiones de la clase trabajadora, la voz de un ídolo popular que prefiere el barro de la exigencia argentina por sobre las luces plásticas de Miami resuena como un genuino grito de resistencia colectiva.
