Estados Unidos confirmó que iniciará un proceso de revisión de seis meses sobre el despliegue de sus fuerzas y bases militares en Europa, en el marco de una reestructuración de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El anuncio fue realizado por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, durante la reunión de ministros de Defensa de la alianza celebrada en Bruselas, antes de la próxima cumbre de líderes.
Según explicó el funcionario, el objetivo es avanzar hacia una «OTAN 3.0», con un reparto más equilibrado de responsabilidades y una mayor participación de Europa en su propia defensa. La evaluación incluirá consultas con el Congreso de Estados Unidos y con los países aliados.
Hegseth advirtió además que Washington observará el compromiso de cada integrante de la OTAN respecto a sus aportes para la defensa común y señaló que algunos países podrían superar la revisión mientras que otros no lo harán, dependiendo de su nivel de compromiso.
La iniciativa se produce mientras continúan las diferencias entre Estados Unidos y algunos aliados europeos por la negativa de ciertos gobiernos a permitir el uso de bases militares estadounidenses para operaciones contra Irán. Para Hegseth, esas decisiones comprometieron la seguridad de las fuerzas norteamericanas y justifican una reorganización que garantice el acceso a instalaciones y permisos de sobrevuelo cuando sean necesarios.
La revisión también llega después de que Estados Unidos informara que dejará de aportar parte de sus recursos militares a la fuerza de respuesta rápida de la OTAN, una medida que la administración de Donald Trump vincula con la necesidad de redistribuir capacidades frente a otros escenarios estratégicos, como la región del Indo-Pacífico.
Durante su intervención, Hegseth cuestionó las prioridades adoptadas por Europa en los últimos años y sostuvo que el continente relegó el fortalecimiento de sus capacidades militares. Mientras tanto, algunos países europeos expresaron su interés en ampliar la presencia permanente de tropas estadounidenses, entre ellos Polonia y Lituania.
En paralelo, Kosovo también experimentará una reducción de efectivos de la misión KFOR, luego de que la OTAN considerara que la situación de seguridad permite disminuir el número de militares desplegados en ese territorio.
Por su parte, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, buscó restarle dramatismo al anuncio estadounidense. Señaló que la reducción de la presencia militar ya era esperada y afirmó que Europa viene incrementando su participación para cubrir esa diferencia.
Rutte sostuvo que los aliados europeos y Canadá aumentaron significativamente su inversión en defensa durante el último año y remarcó que la planificación de la alianza contempla una contribución estadounidense menor que en el pasado, aunque todavía relevante.
En ese contexto, el Grupo de Planificación Nuclear de la OTAN publicó su primer comunicado en casi dos décadas, donde reafirmó que la capacidad nuclear de la alianza continúa siendo un elemento central para la seguridad de sus miembros y confirmó el compromiso de modernizar esas capacidades.
Otro de los temas centrales de la reunión fue el respaldo a Ucrania. El presidente Volodímir Zelenski participó de un encuentro con el grupo de contacto que coordina la asistencia militar a Kiev, mientras los aliados analizan nuevos compromisos de financiamiento para sostener el apoyo al país frente a la invasión rusa.
