Se terminó la siesta en Perú para Tony Valverde Victoriano. Tras meses de gambetear a la Justicia, el proceso de extradición entró en su fase final. En menos de 30 días, el responsable de una de las masacres más sangrientas del Conurbano estará frente a los jueces. ¡Que no se escape más!
La impunidad tiene fecha de vencimiento. Tony Janzen Valverde Victoriano, alias «Pequeño J», el peligroso sicario señalado como pieza clave en el triple crimen de Florencio Varela, ya no tiene dónde esconderse. La justicia peruana finalmente dio el brazo a torcer y activó la etapa final de su traslado a la Argentina. Después de meses de dilaciones y de que el acusado se negara a entregarse voluntariamente, Interpol ya prepara el operativo para traerlo encadenado al país. Vuelve para responder por las vidas de Lara, Brenda y Morena, tres pibas que fueron masacradas por la violencia narco que «Pequeño J» y sus secuaces sembraron en nuestros barrios.
El proceso fue una pulseada constante. Mientras «Pequeño J» disfrutaba de su estadía en el penal de Nuevo Imperial en Cañete, la Justicia argentina, con el juez Jorge Ernesto Rodríguez a la cabeza, tuvo que ampliar los pedidos de extradición para que este sujeto no safe de ningún cargo. Se lo acusa de lo peor: homicidio agravado por ensañamiento, alevosía y violencia de género. Básicamente, de ser un carnicero al servicio de las mafias.
Recordemos el horror: «Pequeño J» escapó como una rata después del triple crimen, dejando atrás el dolor de las familias de Lara Gutiérrez (15), Brenda del Castillo (20) y Morena Verdi (20). Cruzó fronteras y se escondió en Pucusana, cerca de Lima, pensando que el brazo de la ley no llegaba tan lejos. Pero la investigación no solo lo acorraló a él, sino que destapó una estructura transnacional todavía más podrida, liderada por un tal «Señor J», quien habría bajado la orden de la ejecución desde las sombras.
Ahora, el reloj corre en su contra. En los próximos 30 días, un avión de Interpol aterrizará en Buenos Aires con el imputado a bordo. No hay más lugar para trámites diplomáticos ni excusas: la sociedad exige que este tipo entre a una celda y no salga más. La extradición es apenas el primer paso de un juicio que tiene que ser ejemplar para que Florencio Varela —y todo el Conurbano— sepa que matar pibas no sale gratis.
El Gobierno peruano ya autorizó todo. Solo restan los detalles logísticos de un traslado que será custodiado como si trajeran al mismísimo demonio. Las familias de las víctimas esperan este momento desde septiembre, aguantando la rabia de ver cómo el asesino de sus hijas intentaba evitar a toda costa pisar suelo argentino. «Pequeño J» vuelve, y la calle espera que la sentencia sea tan pesada como el crimen que cometió.
Vuelve el sicario, vuelve el horror a los tribunales, pero también vuelve la esperanza de justicia. Estaremos ahí, en la pista de aterrizaje, para ver cómo este «líder narco» baja la cabeza ante la ley argentina. ¡Justicia por las pibas de Varela!
