El IPC de marzo saltó al 3,4% y ya se comió casi toda la meta anual en apenas tres meses. Milei admitió que el dato es «malo», mientras Caputo promete un futuro brillante que la gente no ve en el supermercado.
Basta de promesas, queremos realidades. La inflación en Argentina volvió a acelerarse en marzo, alcanzando un 3,4% y marcando el décimo mes consecutivo de escalada imparable. Lo que el Gobierno vendía como el gran éxito de su gestión hoy es un certificado de fracaso para los trabajadores: en lo que va de 2026, los precios ya subieron un 9,4%, pulverizando la meta del 10% anual que prometieron en el Presupuesto. Mientras el ministro Luis Caputo nos pide paciencia y habla de «los mejores 20 meses de la historia», la gente tiene que elegir qué dejar de comprar para llegar a fin de mes.
La excusa de turno es el petróleo y el conflicto en Medio Oriente, pero la realidad golpea donde más duele. En marzo, la educación lideró los aumentos con un brutal 12,1%, seguida por el transporte. Comer carne se volvió un lujo: el rubro alimentos subió un 3,4% empujado por cortes que aumentaron un 8% en apenas 30 días. Por más que el Gobierno intente «maquillar» los números inventando la «inflación sin carne», la gente sabe que cuando va a la caja, los pesos valen cada día menos.
Incluso la «inflación núcleo», la que no depende de factores externos, quedó en un altísimo 3,2%. Esto demuestra que el problema no es solo la guerra o la estacionalidad, sino una inercia que el plan de ajuste no logra domar. Caputo insiste en culpar a la «incertidumbre política» de las elecciones pasadas, pero la desconfianza es fruto de un poder adquisitivo que se desintegra frente a un IPC interanual que ya vuela al 32,6%.
El propio Javier Milei tuvo que reconocer en sus redes que «el dato es malo» y que «nos repugna», pero la respuesta sigue siendo la misma: más ajuste y más espera. Admitió por primera vez que la mejora «no avanza a la misma velocidad para todos», una forma elegante de decir que mientras los promedios cierran en los papeles, en los extremos de la sociedad el hambre y la informalidad laboral (que ya roza el 43%) no esperan a los «meses virtuosos» que promete el ministro.
Desde la Amcham, Caputo redobló la apuesta asegurando que la inflación tiene «certificado de defunción». Sin embargo, el bolsillo de los argentinos dice otra cosa. Con la meta anual de inflación ya virtualmente inalcanzable antes de llegar a mitad de año, el relato oficial choca de frente con la góndola. La paciencia que pide el Presidente tiene un límite, y ese límite es el ticket del supermercado.
La pregunta que se hace todo el país es cuánto más puede aguantar la clase media y los sectores más humildes este «sendero decreciente» que nunca llega. El Gobierno se aferra al palo del barco para no escuchar los reclamos, pero el ruido de los precios subiendo es más fuerte que cualquier discurso oficial. ¿Hasta cuándo vamos a seguir esperando los «mejores meses»?
