Tenía una alerta roja de Interpol por el asesinato de un senador y ya lo habían pescado robando en la calle, pero seguía libre circulando por nuestras avenidas.
La impunidad parece no tener límites y Buenos Aires vuelve a ser noticia por recibir a lo peor del crimen organizado regional. Brayan Ferney Cruz Castillo, un ciudadano colombiano con pedido de captura internacional, fue detenido en las últimas horas en CABA. El sujeto está señalado como pieza clave en la logística del asesinato del senador Miguel Uribe Turbay, acribillado en Bogotá el año pasado.
Lo que indigna profundamente es la facilidad con la que estos personajes se mueven por la Ciudad. El sospechoso no solo ingresó de forma irregular, sino que ya tenía una orden de expulsión vigente que nunca se ejecutó. Mientras las autoridades miraban para otro lado, el tipo se dedicaba a delinquir en territorio porteño: ya lo habían detenido por robo e incluso llegó a firmar un juicio abreviado hace apenas unos días.
¿Cómo es posible que un acusado de participar en un magnicidio firme un acuerdo judicial por robo y salga caminando como si nada? Tuvo que intervenir la justicia federal tras rastrear direcciones IP para que finalmente se activara la alerta roja de Interpol. El tipo estaba acá, entre nosotros, viviendo en situación irregular y con una causa penal abierta mientras en su país lo buscaban por un crimen político que conmocionó al continente.
Ahora, Cruz Castillo quedó a disposición del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N°12 para iniciar el proceso de extradición. La pregunta que queda flotando en el aire es cuántos más como él están aprovechando los huecos de nuestro sistema migratorio y judicial para esconderse a la vuelta de tu casa.
La detención pone otra vez sobre la mesa el debate sobre la seguridad y el control de quienes ingresan al país. Mientras tanto, Colombia espera que la burocracia local no demore el envío de este peligroso delincuente para que rinda cuentas por la sangre derramada en su tierra.
