Los bomberos hallaron el cuerpo carbonizado en el octavo piso de un edificio de la calle Moldes; en el lugar había un arma y un cuchillo.
Lo que comenzó como una madrugada de pánico por las llamas en un edificio de Belgrano terminó en un escenario de película de terror. Al controlar el fuego en el octavo piso, los rescatistas no solo se toparon con un cadáver carbonizado, sino con un detalle que cambió todo el eje de la investigación: el hombre tenía un orificio de bala en el cráneo.
El siniestro se desató en la calle Moldes, entre Zabala y Virrey Loreto. Los vecinos, aterrados por el humo, llamaron a los bomberos sin imaginar que el fuego era solo la cobertura de una tragedia mayor. En un entrepiso de la unidad, la Policía Científica encontró el cuerpo de un hombre de 77 años junto a un arma de fuego y un arma blanca.
La principal hipótesis que manejan los peritos es la de un incendio seguido de suicidio, alimentada por testimonios de quienes vivían en el edificio y aseguraban que la víctima padecía problemas psiquiátricos. Sin embargo, la presencia de dos armas y la violencia del cuadro mantienen a los investigadores en alerta máxima mientras se esperan las pericias balísticas definitivas.
En el barrio la indignación y el miedo se mezclan. Mientras el SAME y la Policía trabajan en el lugar, los propietarios del edificio se preguntan cómo nadie pudo advertir el estado de crisis de este vecino antes de que todo terminara en fuego y sangre. El operativo en la zona de Moldes continúa y el tránsito permanece cortado para facilitar las tareas de los expertos.
El caso todavía tiene piezas que no encajan y la justicia porteña no descarta ninguna teoría hasta que la autopsia confirme si el disparo fue autoinfligido o si hubo alguien más en ese octavo piso.
