Peter Thiel compró una propiedad de 12 millones de dólares en Palermo Chico para seguir de cerca el modelo libertario tras afirmar que la libertad y el voto no son compatibles.
El desembarco de Peter Thiel en Buenos Aires no es una visita turística, sino un movimiento estratégico que sacude el tablero político porteño. El cofundador de PayPal y primer inversor de Facebook adquirió una mansión de 1.600 metros cuadrados en el exclusivo Barrio Parque, consolidando su rol como el nuevo «vecino de oro» que busca auditar personalmente el experimento de Javier Milei.
La polémica rodea al magnate no solo por su fortuna, sino por sus frases incendiarias que cuestionan el sistema democrático actual. Thiel, mentor de Mark Zuckerberg y aliado de Donald Trump, sostiene que la extensión del voto ha destruido al capitalismo, una visión radical que ahora intenta validar desde su refugio en la Comuna 14 mientras se reúne a puertas cerradas en la Casa Rosada.
El hermetismo del encuentro entre el inversor y el Presidente generó chispas en la sala de prensa oficial, donde se denunció falta de transparencia. Thiel no busca ser querido: su empresa Palantir es famosa por manejar datos de inteligencia para la CIA, lo que despierta sospechas sobre qué tipo de influencia real tendrá en la seguridad y la tecnología de los argentinos.
Mientras algunos celebran la llegada de «lluvia de inversiones», otros ven con desconfianza la instalación de un magnate que financia desde candidatos extremistas hasta investigaciones para detener el envejecimiento. El «laboratorio de libertad» de Milei ya tiene a su observador más poderoso viviendo a pocas cuadras de la residencia presidencial.
La presencia de Thiel en Buenos Aires durante dos meses al año promete ser un imán de controversias. El debate está abierto: ¿es una señal de progreso o el inicio de una intervención tecnológica sin precedentes sobre la soberanía nacional?
