Un dúplex incendiado, un cadáver desangrado y una sospechosa detenida en un caso donde las piezas no encajan.
La muerte de Pedro Federico Arhancet, un jubilado de 76 años hallado entre las llamas de su departamento en la calle Moldes, sacudió la tranquilidad del barrio. Lo que parecía un incendio accidental terminó siendo un homicidio brutal oculto bajo el fuego, con una trama de convivencia forzada y una figura misteriosa captada por las cámaras de seguridad que tiene a los investigadores en jaque.
La única detenida es Angelina, una mujer trans que convivía con la víctima en un «arreglo de conveniencia». Aunque la Justicia la señala, el relato de la autopsia complica todo: Arhancet murió mucho antes de lo pensado por un golpe seco, no por un disparo como se creyó inicialmente. Angelina niega el crimen, mientras su defensa se apoya en que no había un móvil económico claro detrás de la tragedia.
El misterio se potencia con las imágenes de los domos del edificio. En los minutos previos al incendio, una silueta vestida íntegramente de negro, descrita por fuentes judiciales como un «ninja», entró a la propiedad. ¿Es Angelina camuflada o hay un tercer jugador en esta historia de sangre y traición que todavía camina libre por las calles porteñas?
Por ahora, la sospechosa fue trasladada al penal de Ezeiza, pero la falta del proyectil y las contradicciones forenses dejan el expediente abierto. Mientras tanto, en Colegiales los vecinos no salen del asombro: el gato de la víctima, que había desaparecido tras el ataque, regresó al edificio como único testigo mudo de una noche de horror.
¿Justicia rápida o una detenida para cerrar el caso a las apuradas? El juez Peluso tiene la última palabra en un crimen que parece sacado de una película de suspenso.
