Un error fatal en el cierre y la falta de puntería dejan al equipo de Úbeda contra las cuerdas en la Libertadores.
Boca volvió de Ecuador con las manos vacías y la clasificación a octavos de final envuelta en llamas. En una noche donde nada salió según lo planeado, el Xeneize cayó 1-0 ante Barcelona de Guayaquil por un descuido defensivo que Héctor Villalba no perdonó, dejando al club de la Ribera en una posición de extrema vulnerabilidad dentro del Grupo D.
El partido fue un calvario de principio a fin. Desde la lesión de Brey, que obligó a Javier García a saltar a la cancha de urgencia, hasta la insólita expulsión de Ascacibar que dejó al equipo con diez hombres en un momento clave. La falta de disciplina y la nula eficacia de Zeballos y Giménez frente al arco rival terminaron de cocinar una derrota que duele más por las formas que por el resultado.
A falta de 18 minutos, una contra letal expuso todas las falencias de un Boca lanzado al ataque sin ideas. Si no fuera por las manos de García en el tramo final, el marcador podría haber sido una catástrofe mayor. El equipo mostró una versión deslucida, lenta y sin ese carácter necesario para pisar fuerte en territorio extranjero.
Ahora el margen de error es cero. Con el Torneo Apertura a la vuelta de la esquina y la obligación de ganar lo que queda en la Copa, el ciclo de Úbeda entra en una zona de turbulencia total. Los hinchas ya empezaron a pasar facturas en las redes: ¿Se puede aspirar a la Séptima con este nivel de juego y semejantes errores infantiles?
El golpe en Ecuador sacudió la estantería xeneize. El sueño de la Libertadores 2026 empieza a parecer una pesadilla si el equipo no reacciona a tiempo. La clasificación ya no depende solo de la camiseta, sino de un fútbol que hoy brilla por su ausencia.
