El nuevo informe oficial del Idecba confirma que vivir en la Capital es un lujo imposible y que la tradicional familia porteña se hunde en la vulnerabilidad económica.
La clase media en la Ciudad de Buenos Aires pasó de ser una realidad a un recuerdo lejano para miles de hogares. Según los datos del propio instituto oficial, una familia tipo necesita hoy casi $2.400.000 para sostenerse en esa categoría, mientras que la línea de pobreza rompió el techo de los $1.500.000. Los números son un mazazo para quienes intentan mantener su estilo de vida en una ciudad que expulsa a quienes no tienen sueldos de élite.
Lo que antes era un ingreso digno, hoy apenas sirve para no ser «pobre no indigente». La brecha entre lo que se gana y lo que cuesta la Canasta Total es cada vez más salvaje, dejando a los porteños en un estado de «clase media frágil». Cualquier eventualidad, desde un arreglo en la casa hasta un gasto de salud, hoy es el pasaporte directo a caer bajo la línea de flotación económica que marca el Gobierno.
El salto interanual es escalofriante y pone en ridículo cualquier paritaria o aumento salarial promedio. Con una inflación acumulada del 11,6% en solo cuatro meses, el costo de los servicios y bienes esenciales en CABA se devora el poder adquisitivo. Hoy, ser propietario y tener dos hijos en la ciudad exige ingresos que el 80% de los trabajadores activos ni siquiera sueña con alcanzar.
¿Quién puede decir que hoy es clase media en Buenos Aires con estos valores? La realidad golpea más fuerte que los discursos y las estadísticas: el estatus social porteño se está evaporando. Aquellos que se consideran «no pobres vulnerables» están a un suspiro de perderlo todo, mientras los costos de vida siguen subiendo sin que el bolsillo encuentre un respiro.
La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más puede sostenerse el consumo en la ciudad con estos números. El sueño porteño parece haberse convertido en una pesadilla de supervivencia financiera.
